Mi hermano pequeño y mi cuñada estuvieron 4 años intentando tener un hijo y, después de un tratamiento, al final lo lograron. Como tanto mi hermano como mi cuñada habían tenido una educación muy, muy estricta (esto es verdad), decidieron darle otro enfoque a la educación de su hijo. Ella es psicóloga, además. Yo, desde el principio, vi banderas rojas, pero no quise meterme. Os pongo un ejemplo: cuando tenía cinco años y pico fuimos todos a un restaurante (mi hermano, mi cuñada, el niño, mi novio y yo). El niño se enfadó porque no había nuggets, aunque sí había filetes de pollo empanados con patatitas fritas. El camarero fue muy atento, pero aun así el niño dijo que eso era una mierda. No comió, y no solo eso, que hasta podría ser normal, sino que nos prohibió hablar a todos. Sí, como lo oís: empezó a gritar “¡callaoooos, callaooooos!”. Y para no dar aún más la nota, estuvimos toda la comida sin decir una palabra. Mi novio de entonces estaba flipando. Cuando estuve un rato a solas con mi hermano, le dije que quizá tendrían que ponerle ciertos límites. Me respondió que cuando tuviera hijos le diera lecciones, y ahí se acabó la conversación.
Como veréis, la cosa fue a más. Eran partidarios de no sé qué crianza con “disciplina positiva” o no sé qué historias, y que el niño aprendería a regular sus emociones… ya, claro, y una polla como una olla. Otro ejemplo: con 9 años, estaba mi tía, ojo de 72 años, cuidándole en el apartamento que tienen en la playa. En ese momento ella estaba hablando por teléfono con la madre del niño y, como no le hizo caso veinte segundos sobre un dibujo que había hecho, le quitó el móvil y lo tiró por la ventana.
Lo último , fue hacia mí, ocurrió hace dos años, el verano pasado, cuando tenía 12 años y medio. Estábamos en el jardín de su casa, en una fiesta de verano, en la piscina que tienen. Solo estábamos la familia y un amiguito suyo. Salgo de la cocina con una bandeja grande con croquetas, patatas bravas, unos montaditos de jamón y huevos de codorniz… y de repente me dan un balonazo por detrás y se me cae toda la bandeja, todo arruinaddo por supuesto. Y yo con un susto….
Fue a posta, desde luego. Anda que no es grande el jardín como para ponerse a pasarse el balón justo por donde yo estaba pasando… Y además los dos partiéndose de risa. Me enfadé muchísimo y les dije: “¿Pero de qué coño vais? ¿Sois idiotas, menudo ? Menudos anormales…
La hermana pequeña (tienen otra hija de 5 años, pero esta es normal) empezó a gritar: “¡Mami, ha sido a drede, lo estaban diciendo antes!”. Mi hermano se enfadó mucho conmigo por hablarle así a su hijo. Estuve a punto de irme, pero no tenía forma de volver porque la urbanización está en medio de la nada y tuve que esperar a mis tíos. Quizá esto es un poco largo, pero necesito poneros en contexto.
Pues en Semana Santa la lió gorda, muy gorda, pero esta vez con 14 años: él y otro chico entraron sin permiso en casa de un amigo del colegio al que habian acosado el curso anterior, y por eso los separaron (a mi sobrino y su amigo) entraron en la casa causaron daños moderados. Tenian las llaves. Los descubrieron, y el otro se libra porque aún no tiene 14 años, pero él, por primera vez en su vida, va a tener que asumir las consecuencias de sus actos.
La cosa es seria: les han denunciado, la familia del chaval, al que ademas hacian bullyng, esta que muerde y rabia y van a ir a joderles pero bien. Por supuesto ha entrado Fiscalía de Menores, hay responsabilidad civil de los padres… Y la situación ha sido un golpe muy duro. La culpa no la tiene él solo, sino también mi hermano y mi cuñada, que ahora están con ataques de ansiedad y en tratamiento psicológico. Pues nada, este es el resultado de la disciplina positiva y de dejar que los chavales se regulen por si solos.
