Hola, chicas. No suelo escribir por aquí, pero lo cierto es que estoy hecha polvo con lo que me ha sucedido recientemente y necesito desahogarme.
Antes que nada, os pongo en antecedentes. Tras dos años de tropezar únicamente con hombres mareadores que, al poco tiempo de conocer ya demostraban no valer ni un céntimo como personas, conocí a un chico extranjero de lo más interesante.
Nos conocimos a través de una app de intercambio de idiomas. Dado que yo acababa de cerrar un capítulo un tanto angustioso, no iba predispuesta a profundizar ninguna relación más allá de las charlas puntuales en dicha app.
Pero este chico me fue ganando poco a poco con su manera de pensar y de tratarme. Tras 3 meses de charla diaria por escrito, decidimos vernos a través de videollamadas. La primera impresión fue genial y pronto se convirtió en otra de nuestras rutinas: vernos a través de la pantalla. Siempre buscábamos cualquier hueco para hablar, aunque fuera un ratito, con una sonrisa tonta.
Poco después de que esto se convirtiese en costumbre, se sinceró conmigo y me dijo que empezaba a gustarle como algo más que una amiga y que se moría de ganas por vernos en persona. Entonces, acordamos que una vez pasara todo el tema del coronavirus, concertaríamos una cita (o bien en su país, o bien en el mío) que, a decir verdad, nos hacía un montón de ilusión a ambos.

De repente, llega un día en que me dice que lo del virus va para largo (cosa que sinceramente ya se sabía desde que todo comenzó) y que hasta que no haya una vacuna o un fármaco eficaz no cree que nos veamos. Le digo que es probable que se demore más de lo que nos gustaría, pero que es una situación que requiere paciencia y esfuerzo.
Me dice que está de acuerdo en ello, pero que no cree que podamos seguir igual que hasta ahora sabiendo que ese encuentro se dará a muy muy largo plazo. Así que me propone quedar como “amigos” y que ya se verá más adelante (filosofía que ya aplicábamos hasta el momento). Le contesto con todo el dolor de mi corazón que sí, que quizás deberíamos estar un tiempecito sin hablar para ya más adelante volver a retomar el contacto como <<verdaderos amigos>>, ya que no se pueden cambiar los sentimientos de la noche a la mañana.
Nos despedimos con un “hasta pronto” y con un montón de buenos deseos. Bien, pues toda triste yo, decido continuar con mi día de confinamiento y me permito soltar algunas lagrimillas para aflojar el malestar que siento. Cuál es mi sorpresa cuando, al cabo de tres horas, recibo varios mensajes de ánimo de mis mejores amigos y me doy cuenta, al abrir whatsapp, que me había bloqueado.
Yo entiendo que en la vida a veces se tienen que tomar (sin tener mucha elección) decisiones dolorosas, pero también creo que siempre se puede intentar hacer el menor daño posible. ¿Qué necesidad tenía de bloquearme? Estoy destrozada. Siento un vacío tremendo en el pecho… y me gustaría saber cuál es vuestra opinión acerca de lo que me ha ocurrido.
Os pido disculpas por la longitud del texto y os agradezco muchísimo el pedacito de tiempo que hayáis dedicado a leerme. Un besazo, hermanas.