Hay cicatrices que merece la pena tener

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  • Anónimo
    Anónimo on #296222

    Hace cinco años y tras una ruptura bastante complicada, juré y perjuré por todos mis ancestros que me iba a centrar en mí y a olvidarme de los hombres. Estando de erasmus y un poquito hasta el chum.. de hablar solo con españoles (viva España y olé), me decidí a hacerme Badoo para conocer a gente de la ciudad y practicar la lengua (francesa…que os veo venir).
    Y así, lo conocí a él…mi primer contacto local y un absoluto y auténtico… ¡plomazo! Él, una amiga y yo habíamos quedado para ver una peli y tomarnos unas cañas. Bueno, pues nos hubiera hecho falta el barril entero para soportar aquella velada soporífera. No era mal chaval, las cosas como son, pero era uno de estos graciosillos…que ni puta gracia, vamos. Total, que la noche llegó a su fin, mi amiga andaluza se puso a taconear, yo a dar palmas y el chaval que se ve que de flamenco comprendía poco, nos invitó a una fiesta que hacía en su casa el finde. https://www.google.es/search?biw=1280&bih=610&tbm=isch&sa=1&ei=Ab-XXJLXMommUJKusbgJ&q=taconear+GIF&oq=taconear+GIF&gs_l=img.3..0.90372.93377..93870…0.0..0.66.679.12……0….1..gws-wiz-img…….0i67j0i30j0i24.DzxRfIdmdwY#imgrc=SSxV5TjxDD8pBM: Total, que como seguíamos emperradas en practicar el idioma y, para que negarlo, nos va la marcha, aceptamos.
    Llegó el sábado, después de maquearnos y con las Coronas en la mano, llegamos a la “fiesta” (llegados a este punto, cabe destacar que el término “fiesta” es como, al parecer, los franceses denominan a un grupo de 6 personas reunidas alrededor de un mes haciendo menos ruido que yo cuando entro en mi casa de madrugada, modo ninja, con los tacones en la mano). Nos acomodamos, nos pusimos a charlar con la gente y lo siguiente que recuerdo es la cara desencajada de mi amiga después de que un tío nos hablara de física durante UNA HORA (verdad, verdadera). https://www.google.es/search?biw=1280&bih=610&tbm=isch&sa=1&ei=YL-XXIKqKI6j1fAPrMWO2AY&q=aburrimiento+gif&oq=aburrimiento+gif&gs_l=img.3..0l3j0i5i30l4j0i8i30l3.74936.77714..77869…0.0..0.65.872.16……0….1..gws-wiz-img…….0i67.s2Z38z281OE#imgrc=QaqjfeWuUFtWIM:
    Cuando yo ya había perdido toda esperanza de que aquella noche pudiera ser mínimamente entretenida, lo vi entrar…alto, muy alto, altísimo, moreno, ojazos, atlético, tatuaje en el brazo…mi prototipo ideal, mi dios griego de habla francesa (PÓNGANMELO PARA REGALO, QUE ME LO LLEVO). https://www.google.es/search?biw=1280&bih=610&tbm=isch&sa=1&ei=H8CXXM-iOvTuxgPMwpiQDQ&q=abrir+regalo+gif&oq=abrir+re&gs_l=img.1.0.0i67j0l9.26630.27742..28908…0.0..0.186.585.7j1……0….1..gws-wiz-img.9xJN3PmLZNo#imgdii=rLZxZIV7D2hWwM:&imgrc=j6laTXDJmV89cM: Pues eso, que yo, que siempre me había reído del surrealismo de las comedias románticas en la que chica tropieza con chico un domingo a la entrada de un café, sentí, por primera vez en mi vida, eso que llaman flechazo.
    En un intento por no darle demasiada importancia a mis fantasías, o por aquello de condimentar un poco la velada, le solté a mi amiga con mucha guasa “a ese me lo llevo a casa esta noche”. Pues no sé si solté una coña o recité un conjuro… https://www.google.es/search?biw=1280&bih=610&tbm=isch&sa=1&ei=lMCXXLKMIrGdlwSovrLgBQ&q=embrujadas+conjuro+gif&oq=embrujadas+conjuro+gif&gs_l=img.3…3362.7959..8282…0.0..0.60.1166.22……0….1..gws-wiz-img…….0i67j0j0i5i30j0i8i30j0i24.jAChSUhTndQ#imgrc=fcC3fcaelu2bzM: Como éramos los únicos no fumadores, nos pusimos a charlar de todo un poco, el chico era un encanto, atento, simpático, atrevido…lo tenía todo. Cuando nos marchábamos todos a la discoteca, en pleno febrero y a -5º, se acercó a mí, mademoiselle cebolla, en manga corta (como os lo cuento) y me dio un achuchón de esos que te calientan hasta el alma. Durante el paseo hacia la discoteca nos contamos nuestras vidas (familia, estudios, aficiones, locuras varias) y en la discoteca mismo me plantó un beso, al que siguieron muchos otros. Medio en coña, medio en serio, me dijo que no tenía dónde dormir, así que los astros se alinearon y no solo me lo lleve a casa esa noche, sino que, tras dejarme un pequeño trozo de papel con su número, volvió, se agazapó en mi estudio y tanto le costó salir que vivimos el final de mi erasmus, dos años de relación a distancia y tres de convivencia.
    No sé qué sería de mis ancestros, pero yo no solo practiqué la lengua, y muy bien practicada, sino que viví una historia que ya quisieran las de Hollywood. https://www.google.es/search?biw=1280&bih=610&tbm=isch&sa=1&ei=HcGXXP7yKu-clwSA2hQ&q=comedia+rom%C3%A1ntica+gif&oq=comedia+rom%C3%A1ntica+gif&gs_l=img.3…5823.9078..9206…0.0..0.67.1125.21……0….1..gws-wiz-img…….0i67j0j0i5i30j0i30.BdKv6iDmpgI#imgdii=Kg47e9KfrtZsPM:&imgrc=AXZ7ZarlBM_VOM: ¿Sabéis ese chico que te abre la puerta para que entres en el coche, que te regala flores y deja fresas en tu nevera, que te lleva del sofá a la cama cuando te duermes, que te suelta en tu idioma las dos únicas palabras que importan en un murmullo mientras cree que duermes y que te encuentra mucho más guapa al natural y con el pelo revuelto que con maquillaje? Pues así era él.
    Desgraciadamente, el destino es caprichoso, y a día hoy, no estamos juntos. Él me ama, yo le amo y, aun así, las circunstancias familiares, profesionales y geográficas, nos obligan a separarnos. Es una mierda, para que negar la evidencia, pero no me arrepiento ni de un solo instante pasado a su lado, porque chicas, hay cicatrices que merece la pena tener.

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    Anónimo
    Anónimo on #296227

    Hace cinco años y tras una ruptura bastante dolorosa, juré y perjuré por todos mis ancestros que me iba a centrar en mí y a olvidarme de los hombres. Estando de erasmus y un poquito hasta el chum.. de hablar solo con españoles (viva España y olé), me decidí a hacerme Badoo para conocer a gente de la ciudad y practicar la lengua (francesa…que os veo venir).
    Y así, lo conocí a él…mi primer contacto local y un absoluto y auténtico… ¡plomazo! Él, una amiga y yo habíamos quedado para ver una peli y tomarnos unas cañas. Bueno, pues nos hubiera hecho falta el barril entero para soportar aquella velada soporífera. No era mal chaval, las cosas como son, pero era uno de estos graciosillos…que ni puta gracia, vamos. Total, que la noche llegó a su fin, mi amiga andaluza se puso a taconear, yo a dar palmas y el chaval que se ve que de flamenco comprendía poco, nos invitó a una fiesta que hacía en su casa el finde. Total, que como seguíamos emperradas en practicar el idioma y, para que negarlo, nos va la marcha, aceptamos.
    Llegó el sábado, después de maquearnos y con las Coronas en la mano, llegamos a la “fiesta” (llegados a este punto, cabe destacar que el término “fiesta” es como, al parecer, los franceses denominan a un grupo de 6 personas reunidas alrededor de un mes haciendo menos ruido que yo cuando entro en mi casa de madrugada, modo ninja, con los tacones en la mano). Nos acomodamos, nos pusimos a charlar con la gente y lo siguiente que recuerdo es la cara desencajada de mi amiga después de que un tío nos hablara de física durante UNA HORA (verdad, verdadera).
    Cuando yo ya había perdido toda esperanza de que aquella noche pudiera ser mínimamente entretenida, lo vi entrar…alto, muy alto, altísimo, moreno, ojazos, atlético, tatuaje en el brazo…mi prototipo ideal, mi dios griego de habla francesa (PÓNGANMELO PARA REGALO, QUE ME LO LLEVO). Pues eso, que yo, que siempre me había reído del surrealismo de las comedias románticas en la que chica tropieza con chico un domingo a la entrada de un café, sentí, por primera vez en mi vida, eso que llaman flechazo.
    En un intento por no darle demasiada importancia a mis fantasías, o por aquello de condimentar un poco la velada, le solté a mi amiga con mucha guasa “a ese me lo llevo a casa esta noche”. Pues no sé si solté una coña o recité un conjuro… Como éramos los únicos no fumadores, nos pusimos a charlar de todo un poco, el chico era un encanto, atento, simpático, atrevido…lo tenía todo. Cuando nos marchábamos todos a la discoteca, en pleno febrero y a -5º, se acercó a mí, mademoiselle cebolla, en manga corta (como os lo cuento) y me dio un achuchón de esos que te calientan hasta el alma. Durante el paseo hacia la discoteca nos contamos nuestras vidas (familia, estudios, aficiones, locuras varias) y en la discoteca mismo me plantó un beso, al que siguieron muchos otros. Medio en coña, medio en serio, me dijo que no tenía dónde dormir, así que los astros se alinearon y no solo me lo lleve a casa esa noche, sino que, tras dejarme un pequeño trozo de papel con su número, volvió, se agazapó en mi estudio y tanto le costó salir que vivimos el final de mi erasmus, dos años de relación a distancia y tres de convivencia.
    No sé qué sería de mis ancestros, pero yo no solo practiqué la lengua, y muy bien practicada, sino que viví una historia que ya quisieran las de Hollywood. ¿Sabéis ese chico que te abre la puerta para que entres en el coche, que te regala flores y deja fresas en tu nevera, que te lleva del sofá a la cama cuando te duermes, que te suelta en tu idioma las dos únicas palabras que importan en un murmullo mientras cree que duermes y que te encuentra mucho más guapa al natural y con el pelo revuelto que con maquillaje? Pues así era él.
    Desgraciadamente, el destino es caprichoso, y a día hoy, no estamos juntos. Él me ama, yo le amo y, aun así, las circunstancias familiares, profesionales y geográficas, nos obligan a separarnos. Es una mierda, para que negar la evidencia, pero no me arrepiento ni de un solo instante pasado a su lado, porque chicas, hay cicatrices que merece la pena tener.

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