Hace poco que en mi departamento ha entrado a trabajar un chico jovencito. Debe ser su segunda experiencia laboral y está muy motivado por hacer las cosas bien y que todo el mundo esté contento con su rendimiento. En los descansos hemos coincidido unas cuantas veces y es un chico amable y simpático, friki de los mangas y las pelis de Star Wars, con lo que conmigo ha ganado muchos puntos (yo, la más friki de Star Wars) y me ha caído en gracia. Además que le he estado formando un par de días en el programa informático de gestión que usamos.
Como una compañera se jubila, montamos una cena de despedida a la que fuimos todos los compañeros, incluido el novato. Coincidió que nos íbamos sentando en la mesa por orden de llegada y él se sentó a mi lado. Tuvimos una conversación agradable y pasamos un rato divertido todos juntos.
A la semana siguiente, de vuelta al trabajo, noté que el chico estaba más cortado conmigo, no hablaba tanto y me miraba poco a los ojos. Hasta que fuimos a la sala de archivos, cerró la puerta y me dijo que tenía que contarme una cosa, aunque le daba mucha vergüenza. Y me pedía por favor que no me enfadase.
Resulta que la noche de la cena se generó un rumor sobre mí y los tíos han decidido hacer una apuesta. Por lo visto mi escote ha generado en el imaginario machorro de mi curro que los tíos crean que me he puesto tetas, que me he hecho un aumento de pecho, vamos.
No, no me he puesto tetas, supongo que, al haber ganado peso, mis tetas también han ganado volumen. Pero claro, en eso no se han fijado, en que estoy más gorda en general, sólo me han mirado las tetas.
Y los muy “simpáticos” de mis compañeros han apostado a ver quién me hace confesar si hay operación y si alguien es capaz de comprobar la mercancía.
Primero he pillado un cabreo de campeonato y he querido montarles un pollo a todos juntos. Él me ha dicho que no le diera demasiado importancia, porque era una broma absurda de un grupo de tíos pasados de copas, pero que había preferido decírmelo por si acaso.
Una vez me he calmado, he empezado a pensar en cómo darles una lección. Lo primero que he decidido es no levantar la liebre, que no se sepa que yo lo sé, porque me da margen para planear mi venganza y porque si lo digo sabrán quién ha sido mi informante, y no lo quiero exponer.
He llegado a pensar que el chico nuevo me lo ha contado en plan colegueo para ganar él la apuesta, pero en el fondo, me da un poco igual, porque, perdonadme, pero lo he pensado, podría hacer que él ganase ya que sé que especialmente a un par de compañeros les va a joder que sea el novato el que lo consiga. Y que una vez haya un ganador, se acabarán las teorías sobre mis tetas. También podría pasar de todo y esperar a que se aburran de su apuesta infantil y se olviden de mí.
Pero sigo dándole vueltas, a ver si me ocurre una idea mejor, porque ahora mismo, lo que me apetece es un escarmiento, para que se les quiten las ganas de volver a hacer una gilipollez semejante.
