Tengo una hija de doce años muy divertida, parlanchina y cariñosa. Es la alegría de nuestra familia. Es un poco trasto, pero se hace querer por lo vital y simpática que es, además de tener un corazón enorme. Qué os voy a decir yo de mi hija que no sea bueno.
Ha empezado el instituto y, aunque un poco asustada por el cambio, está emocionada porque se siente mayor e importante. En los estudios va bien, juega a voleibol, va a una academia de inglés y tiene un grupito de amigas muy majo. Y han empezado a fijarse en los chicos, pero bueno, es lo que toca con la edad.
Hace unos días, llegó a casa con cara de preocupación, pero cuando le preguntamos si todo iba bien, nos aseguró que sí y se encerró en su habitación. Siempre le hemos demostrado que confiamos en ella, así que la dejamos tranquila y esperamos que fuese ella quien nos lo contase cuando tuviese ganas, sin presionarla de ninguna manera.
Por la noche, mientras preparábamos los tuppers para el día siguiente, me contó que había un chico, con el que se llevaba muy bien, el cual hoy le había dicho que ella le gustaba y le había propuesto que fuesen novios. (Con doce años. Novios. En fin.) Ella no había sabido qué responderle y le había dicho que se lo tenía que pensar. Y él le había contestado que se lo pensase y que mañana le dijese algo. Un poco intensito el chico.
Mi hija estaba preocupada porque en verdad ella no quiere tener novio. Cree que son muy jóvenes (bueno, algo estamos haciendo bien su padre y yo) y que ahora de lo que se tiene que preocupar es de pasarlo bien con los amigos y estudiar mucho. Que cuando sean mayores, ya podrán buscar pareja. Pero que le daba miedo que, si le decía eso, él se lo tomase mal y dejasen de ser amigos.
Yo le hice ver que estaba completamente de acuerdo con su punto de vista y le expliqué que si el chico se enfadaba y dejaba de ser su amigo es que en verdad no era un buen amigo. Y no necesitamos tener malos amigos, sino buenos. Y que seguro que al final se le pasaría.
Ella se convenció y me dijo que le diría lo mismo que me había dicho a mí. Bueno, pues el muchacho no se lo tomó bien y le ha dejado de hablar. A ella le ha dolido, pero espera el momento de que se le pase para volver a ser amigos.
Pero resulta que el niño ha organizado una campaña de venganza. Por lo visto, ha estado hablando mal de ella con sus compañeros y le han creído. Hasta que hoy, la situación ha explotado cuando, a la hora de la salida, la han empezado a insultar con palabras demasiado gruesas para una edad tan temprana.
Mi hija ha llegado a casa llorando, acompañada de dos amigas que la han escoltado para que la dejasen tranquila. Cuando nos lo han contado todo, mi marido ha llamado al jefe de estudios y le ha explicado el caso. El instituto se ha hecho cargo en seguida de la situación y le ha explicado que aplicarían el protocolo antibullying que tienen preparado para casos así y que al día siguiente nos comentaría cómo había ido.
Primero han identificado y localizado a todo el grupito que había gritado a mi hija, lo han puesto en conocimiento de sus padres y los han castigado a hacer trabajos de mantenimiento en el centro, además de tener que pedir perdón uno por uno y personalmente a mi hija. Y les han amenazado que si vuelven a hacerlo o que si ven que alguno lo vuelve a hacer y no avisan, serán inmediatamente expulsados.
Parece que las aguas han vuelto a su cauce pues hoy mi hija ha vuelto a casa mucho más tranquila. Pero a mí se me ha quedado un runrún dentro. Hoy he confirmado la identidad del chico despechado y sé que va a la misma clase de inglés que ella en la academia así que hoy, con la excusa de ir a andar, he decidido acompañar a mi hija. Ella, temiendo lo peor, me ha pedido que no le dijese nada.
Y no, no le he dicho nada. Sólo que cuando he llegado a la altura del grupito de sus compañeros, que estaban haciendo tiempo fuera hasta que llegase la hora de entrar, me he plantado delante del chico en cuestión, le he mirado, me he señalado los ojos y le he señalado a él (en plan te estoy vigilando), me he pasado el dedo por el cuello (como lo vuelvas a hacer prepárate), les he dicho buenas tardes a todos y me he largado, mientras que uno de los niños le gritaba: Uala, te ha hecho la mirada de la muerte.
No, no estoy orgullosa y sé que he hecho que mi hija pasara vergüenza, pero al menos el runrún ha desaparecido. Pensáis que he hecho mal?