Buenas tardes a todos los lectores,
No pretendo consuelo, ni consejo, ni apoyo.
Pero mi alma necesita decir, soltar, gritar todo lo que lleva viviendo estas dos últimas semanas.
Mi compañero, el amor de mi vida, decidió quitarse la vida llevándose con él todos nuestros planes, todo nuestro futuro, dejando mi vida vacía, mi corazón roto y mi cabeza a mil por hora.
Estábamos bien, éramos felices, buscábamos una comprar una casa y llevábamos meses buscando un bebé. Os juro que era real.
No tenía vacíos, no teníamos lujos, algún problema con la madre de su hija pequeña y el nulo contacto con su hija mayor. Nada que no pudiéramos solucionar.
Yo siempre le decía a él: yo contigo en todas tus batallas.
Y ahora me quedo así, sabiendo que él realmente no era feliz, que era mentira, que algo no me contó, dudando de si realmente me quería, porque si no, hubiera acudido a mi. Se hubiese apoyado en mi.
Estoy enfadada con él. Todos dicen que es parte del duelo pero estoy muy enfadada. Y lo echo de menos a mares.
Mi vida cambió en 92 segundos que duró una llamada.
No quiero que me sigan diciendo ánimo, se fuerte, es el duelo, saldrás adelante. No maldita sea, no. Porque todo esto se solucionaría con un abrazo suyo. Un abrazo que jamás tendré.
