Hola a tod@s. Me gusta escribir de vez en cuando este apartado del Foro para ayudar-animar y también para desahogarme y conocer otros puntos de vista.
Creo que es fundamental para la vida el tener una autoestima sana porque de su carencia se derivan muchos errores y te metes en muchos jardines. Quiero explicar- yendo a lo principal- una vivencia reciente (hace unos 4 meses) que me ha hecho bastante daño.
Reconozco que ha sido en buena parte culpa mía, por ingenua a estas alturas de la película. Pero uno a menudo se encariña de quien menos lo merece.
El caso es que durante casi 10 años he tenido una relación intermitente con un follamigo. Sexualmente yo sentía con él un enganche fuerte, en mi fuero interno yo sabía bien que él no me quería. A veces me parecía ver en él, por la forma de mirarme, de abrazarme, que el roce hacía el cariño y que yo podía ser alguien peculiar o especial después de tanto tiempo. Hasta el día de la estocada final.

Una tarde estábamos juntos en su casa. Me monta un pollo porque no le gusta lo que le hago (sexo oral), me grita que «una mamada es para disfrutarla», y que «tengo 36 años y no me merezco esto», «no me gusta el rollo-juego este que tenemos». Me echó de su cama y de su casa como si fuera un trapo. Yo hacía mucho que no lloraba delante de nadie y me puse a llorar por lo humillada que me hacía sentir, por encariñarme con él y por lo estúpida que me sentía. Le grité que era una mierda de persona y cerré la puerta de su casa de un portazo.
No lo he vuelto a ver. Ahora lo llevo mejor pero me siento rabiosa hacia él por cómo me ha tratado después de todo y hacia mi misma, por gilipollas. Fantaseo con la idea de encontrármelo y meterle una señora hostia en toda su jeta. Pero si soy sensata, lo mejor que puedo hacer si lo veo es darle las gracias por mostrarme situaciones y personas de mierda en las que no me quiero meter nunca más.