Hola chicas y chicos.
Empezaré como cualquier consulta: no sabía dónde poner lo que contaré, si en amor o en autoestima. Pero bueno, al caso.
Acabo de admitir que soy gorda. Así, en negrita, porque lo estoy. Y no delante de cualquiera, sino de mi «ligue».
Porque ésta cuarentena me ha traído muchas cosas malas, pero también me ha permitido conocer a una persona magnífica. Y después de semanas de charla he sucumbido a la sociedad y le he admitido (aunque tenga mi Instagram y lo haya cotilleando entero) que estoy gorda. Que jamás he sido delgada, y que jamás lo seré. Que mis lorzas me acompañarán de por vida, y que para mí eso no es un problema. Que no necesito mensajes de apoyo emocional, que yo lo he admitido. Pero que quería que él fuese consciente de mi peso.

Y en ese momento en que, un viernes, después de varias copas de vino, te atreves a descubrirte y revelar te de esa manera, me pregunto: ¿por qué yo, con mi autoestima por las nubes, con mi aceptación de cómo soy, debo rendirme a la sociedad y hacer ver a la gente que estoy gorda? ¿Acaso me merezco menos por estar gorda? ¿Debo admitir a todo posible ligue de mi sobrepeso? ¿Debo aceptar que después de esto puedan hacer bombas de humo?
Escribo ésto no para recibir comentarios (aunque estaré encantada de que quien quiera me comente), sino porque el miedo me ha paralizado, y no he sido capaz de leer ningún WhatsApp del chico en cuestión. Y sé que si se larga no será mi culpa, pero eso no quita que mi autoestima se mine un poco.
Chicas del mundo, gordas, delgadas, rubias y morenas: estoy harta de que la 38 me apriete el chocho. Y nadie lo entienda.
Gracias por éste gran lugar. Sois sin duda mis mejores amigas virtuales. Os quiero a todas, sin excepciones.