no sé vosotras, pero yo hoy me he levantado con el cuerpo cortado. Llevo dándole vueltas a la noticia de esta chica de 25 años y tengo un nudo en el estómago que no se me va.
Es que, buf… se me rompe el alma por todos lados.
Por una parte lo entiendo y lo respeto. Porque ¿quién soy yo (o quién es nadie) para decirle a otra persona cuánto dolor puede o debe aguantar? Hay pozos tan oscuros que por mucho que te digan que «ya saldrá el sol», tú solo ves negro. Y obligar a alguien a vivir un infierno diario me parece una crueldad que no nos corresponde a los demás. La libertad de decir hasta aquí es, al final, lo último que nos queda.
Pero, jo… me da una rabia por otro lado.
Me cuesta no pensar que como sociedad, le hemos fallado. Que el sistema de salud mental, la precariedad o la soledad en la que vivimos a veces han empujado a una cría de 25 años a sentir que no hay absolutamente nada más para ella. Me pregunto si de verdad se agotan todas las opciones o si es que no tenemos los recursos para acompañar a la gente joven como se merece.
Me da miedo que estemos tirando la toalla demasiado pronto con los nuestros en lugar de arreglar lo que está roto fuera: el mundo en el que les toca vivir.
Me gustaría saber qué pensáis vosotras. Necesito leeros para ver si pongo un poco de orden a este lío de sentimientos que tengo hoy. Os leo con todo el respeto del mundo que es un tema muy duro. Y a ella espero que al menos descanse hoy al fin…
