Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
A ver, ¿por dónde empiezo? Es una historia larga. Cuando conocí a mi pareja, acordamos no tener hijos, pero con los años me entró el deseo de ser madre. Poco a poco me hice a la idea de que eso no pasaría y me resigné. Mis amigas íntimas sabían cómo me sentía.
Como me encantan los niños, siempre las he apoyado: he cambiado pañales, me he quedado con sus hijos y he estado ahí para lo que necesitaran. Sin embargo, este fin de semana, con un par de copas de más, una amiga me confesó algo que me ha hundido. Me dijo que otra amiga del grupo le advirtió que ‘tuviera cuidado conmigo’ porque, como yo quería tener hijos y no había podido, era ‘peligrosa’ o algo similar.
Me ha tocado el alma. No entiendo a qué se refiere con que tengan cuidado. He cuidado a los hijos de esa persona y de todas las demás siempre que me lo han pedido. ¿Cuál es el problema?
No sé si son celos o qué pasa. El detonante fue que, estando de salida, el hijo pequeño de mi amiga se quedó dormido en el sofá. Yo, sin ninguna mala intención, lo acosté en mi cama con la puerta abierta para que estuviera cómodo. Cuando mi amiga entró, se lo llevó de malas formas. Este tema me tiene muy mal; siento que han reabierto una herida que yo ya tenía enterrada
