Buenos días. Normalmente leo muchas historias por aquí pero nunca me he atrevido a escribir, hasta hoy, que me ha pasado una de esas cosas surrealistas y que no esperas un domingo por la mañana.
Estaba yo tan tranquilamente desayunando una tostada de mantequilla y mermelada con mi chico, cuando de repente oigo a mi derecha:
– Tu no puedes comer eso, deberías adelgazar un poquito y no puedes comer eso.
Yo que estaba enfrascada en la conversación y en mi desayuno, con la tostada todavía en la boca, miro hacia mi derecha y veo que el señor de la mesa de al lado me estaba echando la bronca por comer lo que me salía del papo. No pude ni siquiera pensar en que contestarle porque ni me podía creer lo surrealista que era lo que estaba pasando.
Lo peor viene cuando el señor, al ver que yo no reacciono, le va con la misma cantinela dirigiendose a mi novio, diciendole que no me dejara comer eso. Él si alcanzo a decirle que yo podía comer lo que quisiera y que me dejara en paz. Entonces el señor se marchó.
Me encuentro muy indignada pero también muy triste. No entiendo porque la gente cree que tiene derecho a invadir el espacio de los demás y a opinar sobre algo que ni les va ni les viene. Yo ya se que estoy gorda, tengo espejos en mi casa, me ha costado mucho aceptarme tal y como soy, y ahora mismo me encuentro en un periodo de transito de intentar quererme a la vez que salgo a hacer deporte sin morirme de vergüenza solo porque estoy mas gorda que el resto de personas que lo hacen.
De verdad, yo es que empiezo a pensar que la gente no tiene vida y se dedica a amargarsela a los demas