¡Hola! me he animado a escribir en el foro porque me siento ahogada con mi situación, hace mucho algún tiempo leí un testimonio en el foro parecido al mío al que me animó a hacer esto, gracias a quienes comparten sus historias. ❤
Para ponerlos en contexto: Tengo 18 años y desde pequeña vivo con mis padrinos a los que llamo tíos, porque perdí a mis padres en un trágico accidente, ellos tienen una hija que es mayor que yo por 30. Cuando cumplí 6 años mi prima tuvo su primera hija y en ese momento empezaron mis problemas. Muchos lo llamaron celos de niños, pero ahora hago retrospectiva y siento que tuve mis motivos para sentirme molesta.
El hecho de no compartir su sangre me convirtió en blanco fácil de sus manipulaciones, si no jugaba con su hija/nieta me decían que ellos dejarían de apoyarme económicamente, me reprochaban lo mal agradecida que era, el marido de mi prima en ocasiones me interceptó en los pasillos para decirme que yo no me merecía ni un «Dios te lo pague». Mis «padres» (que en realidad son mis tíos) siempre les dieron la razón y me decían que no debía hacerlo enojar. Con 6 años me sentí «una mala persona» por no querer a una bebé y durante los años siguientes me sentí culpable porque no lo conseguía, me sentía celosa al ver como decían que la querían, de cómo la abrazaban y le daban lo que ella pedía, conmigo nunca fue así, ni un abrazo, ni un te quiero, escasamente unos buenos días o las buenas noches, sentía que jamás conseguiría ese cariño si no lograba quererla a ella. Para mí no bastaba ser buena estudiante, ser obediente, ser colaborativa si no quería a la bebé nunca lograría satisfacerlos. La gota que colmó la copa en mi niñez fue en una navidad, pedí una casa de muñecas (tenía 9 años) me llevaron al mall y mostré justo la que quería, su respuesta: «No vale la pena invertir ese dinero en ti, simplemente no te lo mereces». Aun así, conservé la esperanza porque pensaba que solo era para alimentar la sorpresa, el día que abrimos nuestros regalos, para mi sorpresa no estaba la casa de muñecas, esa la compraron para mi primita y alimentaron mi tristeza con un “ella si tiene padres”.
Fui creciendo y mi rencor aumentó y se alimentó con las veces que a ella le permitían eso que tanto me prohibían a mí, con las veces que le decían que ella era mucho más hermosa que yo, cuando me decían que debería darme vergüenza por no ser como ella. Alimentaron su autoestima mientras destruían la mía. Me resigné a ser la “arrimada” como solían llamarme, a pensar que si me decían que era “una porquería” ciertamente me lo merecía, que si era “una vaca echada” era mi culpa por comer mucho, pero si mi prima estaba gorda no había que recordárselo porque se sentiría mal. Conmigo se desbordaban en insultos y con ella cuidaban sus palabras para no herirla, si estaba gorda.
Nunca les pedí nada más que esa casa de muñecas, ni una moneda, ni una prenda. Solo quería sentirme querida, solo quería una familia.
Cuando entré a mi adolescencia quise dejar eso atrás, quería un nuevo comienzo, me propuse que el rencor de niña moriría, pero al parecer era tarde, ellos habían invadido mis espacios y mi vida. Las cosas siguieron igual e incluso peor, esa bebé por la que sentía rencor se convirtió en una niña fastidiosa, acostumbrada a que todo se lo den, me ve como un inferior, una mini replica de mi “amada familia”, me incomoda escuchar su constante discurso de como ella es mejor que yo y DEBO SERVIRLE porque no soy de la familia y de cómo todo lo tiene porque ella si tiene padres. Ella junto a su madre me han llegado a robar ropa y dinero, me han difamado diciendo que soy una vaga, me obligan a recoger sus cosas. Nada puedo hacer ni decir porque nadie me cree, estoy acostumbrada a escuchar “ellos te lo han dado todo” pero lo que han hecho con la mano lo han borrado con los codos, donde está el amor, la comprensión de las que tanto se jactan que me dan, acaso no la merezco solo por no compartir su sangre ¿debí pensarlo mejor antes de quedar huérfana o qué?
Aun me siento como de niña: indefensa y frágil con las esperanzas puestas en personas que no la aman. A veces me pregunto si he hecho mal, si en realidad ellos tienen razón y a veces creo que debo desaparecer de sus vidas. Tengo mil planes y un pie fuera de casa, a veces el miedo es más grande. Pero siento que mi vida están mejor sin ellos y debo aceptar que soy la hija de nadie.