En esta ocasión voy a responder como profesional. Soy psicóloga y experta en atención temprana. Habría que conocer en mayor profundidad la situación, obviamente, pero por lo que cuentas, tu hija tiene la suerte de contar con una adecuada capacidad de conectar con sus propias necesidades y tiene la voluntad y las herramientas necesarias (al nivel de tres años) para hacerlas valer, lo cual se traduce en rabietas, y esto es lo normal. Que esas rabietas sean más o menos frecuentes e intensas depende tanto del carácter del niño como de la manera en que el entorno responde a sus demandas, pero en cualquier caso, son normales, por más que incomoden a los adultos. Por la manera en la que relatas lo que te comenta la profesora, creo que el problema es más suyo (por el trabajo extra que le genera) que de tu hija. Fíjate que no habla de un problema de comportamiento generalizado (cuando está en juego libre no hay problemas), sino de una conducta de negación ante demandas que no le gustan. A los tres años, tu hija está en el periodo de comenzar a entender que es una persona diferente, a tomar conciencia del concepto de sí misma como individuo, y esa diferenciación hace que remarque las diferencias de opinión, que rechace seguir indicaciones, etc. (es como una adolescencia en pequeñito, de alguna manera). Eso es saludable. Quien piensa que un niño tiene un mejor desarrollo por ser más obediente, sencillamente está tomando como indicador de correcto desarrollo la adaptación a las demandas ajenas (sumisión, desconexión de las propias necesidades, miedo al adulto…). Y todo esto es muy cómodo para los adultos que están alrededor del niño, pero no por ello es mejor. Tampoco ha de existir ninguna relación entre la obediencia los tres años y la futura conducta como adolescente, como señalan más arriba. Al contrario; cuanto mejor sea su autorregulación (capacidad de regular sus propios estados emocionales y acciones), menor número de conductas violentas más adelante (obedecer tiene que ver con aprender a que sean otros los que regulen tu conducta, no con aprender a autorregularse). Dicho esto, a pesar de no tener que alarmarte ante la conducta de tu hija, está claro que te te causa dificultades y preocupaciones. Te recomendaría que, ante cada situación conflictiva, tú (y su padre o cualquier otra persona con la que interactúe) le dejes claros TUS límites. Ella no reacciona bien ante la imposición, así que en lugar de tratar de imponerle las cosas, le muestres dónde está tu límite (hablando en primera persona). Por ejemplo: en lugar de decir «no puedes saltar en el sillón», decir algo así como «no quiero que saltes en el sillón, porque se estropea y nos quedaríamos con un sillón roto». Y facilitarle una alternativa «¿quieres que pongamos unos cojines en el suelo y puedas saltar sobre ellos?». Otro ejemplo: en lugar de «tienes que darme la mano para cruzar», decir algo como «me preocupa que pueda atropellarte un coche, así que voy a cogerte la mano». O incluso de forma más contundente, «Sé que no te gusta que te coja la mano para cruzar, pero no voy a permitir que puedas tener un accidente». Hay muchas maneras respetuosas con los niños para mejorar las relaciones con los adultos, pero siempre entendiendo que son los adultos quienes han de hacer el esfuerzo por modificar sus respuestas, no esperándolo de un niño de tres años. Te recomiendo que leas sobre autorregulación y sobre comunicación no violenta con los niños. Hay un libro maravilloso y muy práctico: «Cómo hablar para que los hijos le escuchen y cómo escuchar para que los hijos le hablen», de Adele Faber y Elaine Mazlish (se encuentra en PDF en Internet). Si ves que la profesora no se adapta a la personalidad de tu hija, o que va por un camino que no te parece correcto, plantéate posibles cambios, pues parece que ya está etiquetada como «conflictiva», y me da la impresión de que no cuenta con estrategias suficientes para conectar con tu hija. Espero haber sido de ayuda. Un saludo.