Nunca te diré las veces que entraba en casa deseando que estuvieras escondido en la litera de arriba.
Nunca te diré que cuando te di las llaves de mi casa esperaba que algún día tú también la pensases nuestra ni te diré todas las noches que me quedé esperando a que sonara tu llave girando en la cerradura.
Nunca te diré que fue en esa primera cerveza en el sofá, después de elegir las tres flores de Ikea que decorarían el salón, cuando pensé que seriamos para siempre.
Nunca sabrás con el orgullo con el que hablaba de ti ni cómo me brillaban los ojos cada vez que lo hacía.
Nunca te diré que vendí mi cámara para darte la mejor de las navidades ni que fui ladrona de papel higiénico en bares por no llegar a fin de mes.
Nunca te recordaré que tenías la letra más bonita de mundo. Y, como nunca te lo voy a recordar, nunca te diré lo que deseaba que fueran tus letras, y no las mías, las que decorasen los posits de la entrada.
Nunca vas a saber la cantidad de recetas que miré en internet para sorprenderte ni la ilusión con la que preparé la cena en San Valentín.
Tampoco contaré la de tiendas que recorrí para encontrarte ese cd, porque no sirvió de nada. Porque esa noche fue el principio del fin.
Nunca te diré que sabía que teníamos fecha de caducidad y que me moría por equivocarme.
No te diré que me rompiste en 365 pedazos, uno por cada día juntos. Ni te contaré cómo recogí mis piezas y formé una yo mucho más grande y estable.
Nunca te diré que esperaba que aparecieses en la estación gritando que me quedase ni la cantidad de veces que miré el buzón en una semana. Tampoco te diré que sabía que el calor de Madrid no era el problema.
No te diré todo lo que llore ni cómo perdí la razón cuando dijiste que no.
Nunca te diré cómo te necesitaba porque, al final, fue mentira.
Nunca voy a admitir que me encantaría que leyeses esto. Y no porque sienta nada, sino porque hoy sé que, después de todo, yo no era responsabilidad. Porque hoy me sobra el valor que antes me faltaba, porque hay cosas que nunca me debí callar y que, hoy por hoy, quiero gritar.