¡Buenos días, amigas! Hoy mientras desayunaba me he topado con un par de artículos y noticias en torno a una inyección experimental para frenar la obesidad y las opiniones que este tema ha suscitado me han jodido ya la mañana.
Según parece esta inyección, que tan solo hay que inyectársela una vez al mes, produce un efecto saciante además de disminuir la acumulación de grasa. Los expertos comentan que gracias a esta inyección se pueden evitar muchas cirugías de reducción de estómago. Lo que ocurre es que, a pesar de todas las ventajas que produce este medicamento, es alto probable que la Seguridad Social no lo cubra ya que la obesidad no se contempla como una enfermedad como tal.
A partir de aquí, la gente ha comenzado a opinar, y creedme chicas, vaya asco. El 90% de los comentarios que he leído hablaban, como no, de lo caros que les salimos los gordos a la Seguridad Social. Se aferran a premisas terribles en las que los gordos y las gordas hemos llegado a este punto única y exclusivamente por ser unos vagos adictos a la comida basura, y de ahí continúan increpándonos por querer perder peso sin dar palo al agua.

‘Más ejercicio y menos medicamentos ¡eso es lo que tienen que hacer!’, ‘claro, ahora quieren que la SS les financie una inyección carísima para perder peso, que se lo hubieran pensado antes de hincharse a hamburguesas’, ‘¿Pero no era que les gustaba tanto estar gordos? Pues el que quiera adelgazar que se pague de su bolsillo la inyección o que se apunte a un gimnasio’. Estos son solo algunos ejemplos, pero os repito, son cientos los comentarios en diferentes medios de comunicación.
Se ha abierto también un debate sobre si esta inyección debería entrar por la Seguridad Social ya que, aunque la obesidad no es en sí una enfermedad, sí que puede causar diferentes problemas de salud. Al igual que por ejemplo el tabaquismo es más una adicción que una enfermedad y en este caso sí, la Seguridad Social sí que cubre ciertos medicamentos para dejar el tabaco.
En todo caso es una verdadera vergüenza que tantísima gente suelte su bilis con tales niveles de gordofobia sin tener ni idea de lo que hablan, tan solo quedándose con esa imagen erróneamente estereotipada del gordo o la gorda culpables de todo.