Las relaciones abiertas son del diablo

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    Hace poco creí encontrar a la persona correcta, pero al final todo fue mentira, como el verde de sus ojos. Quiero desahogarme y aquí les dejo mi historia.

    Él fue la primera persona que me dijo directamente que le gustaba, un jueves por la madrugada. Ante la sorpresa y que lo hizo en mi día favorito de la semana, decidí lanzarme a la aventura ¿por qué no? Desde hacía años que me llamaba la atención, y después de tres años de estar encaprichada con el mismo sujeto quería querer a alguien más… Quedé en salir con Ojitos Verdes.

    La primera cita fue monumental: había química, las chispas de las que siempre escuchaba en las películas y leía en las revistas femeninas se presentaban ante mis ojos. Deseaba comerme sus labios, sus mejillas, sus ideas y morirme abrazada entre sus brazos. El cabrón era perfecto en ese momento. Al final no me lo comí ni nada, pero tenía la certeza de que comenzaba a gustarme demasiado.

    Así, la cosa tomó su curso. Mensajes todo el día, llamadas interminables y risas sonoras se empezaron a colar en mi vida, quería contarle al mundo que estaba loca por alguien que también me correspondía. Adiós mala suerte en el amor, ciao mañanas sin sexo, ¿adiós Gamboa? ¿KHÁ? Así como empezó, todo parecía haber terminado. (Anoten, aquí comienzan las primeras señales)

    “No estoy listo para una relación seria”, “No puedo ofrecerte lo que mereces”, que la ex, que la ex me engañó, que el gato, que la escuela, que eres muy chingona, que me agradecía por todo. Lloré como loca durante toda esa tarde, me quedaron unas ojeras marca diablo y una infección ocular por secarme con la toallita para manos del baño. No alcanzaba a comprender qué había pasado cuando en un arranque de locura, a manera de catarsis, me puse a escribir una lista de tonterías del muchacho en cuestión (COMO AHORITA)

    Al día siguiente ya estaba mejor, me había hecho a la idea de pensar que pues todo muy bonito, pero yo merecía a alguien que me quisiera con cada pedacito de su alma. Sin embargo, ahí estaba su nombre y un eterno poema que me hizo arrepentirme y correr a decirle que no importaba, que una relación abierta no sería tan mala, además ¿qué podría salir mal?

    En las semanas siguientes nada lucía con mal aspecto, la verdad es que el jovencito se daba a querer y yo con mi corazón de pollo comenzaba a arroparlo en un rinconcito de mi corazón con pase VIP a mi atención, “qué bonitos ojitos” “qué bonitos volcanes”, “qué bonita música”, “vamos a vernos el próximo viernes”, y nos vimos ese día.

    Esa fue una cita divertida, de principio a fin. La ciudad nunca había estado tan brillante, ni tan limpia, ni tan cálida como lo fue a su lado. Hasta las ratas parecían lindas cobayas brincando por su libertad. Así lucía para mí, pero no para él. Al parecer, él ya no me quería.
    Resultó que ese día, mientras salía conmigo, él platicaba con alguien más, alguien que sí le interesaba.

    Cuando supe de esa chica no supe qué hacer, estaba herida y me sentí usada sin embargo, no quería perderle. Comenzaba a quererlo tanto que a pesar de todo, me tragué mi orgullo y como buena tonta le pedí que no se fuera de mi lado; que estaba bien si tenía algo con ella mientras todo fuera sexual, de todos modos era una relación abierta, sabía que esto pasaría. Continuamos juntos.

    Después de todo eso la relación siguió su curso, sabía que estaba mal; que terminaría con mis emociones destrozadas y otro agujero en el alma; “pinche Tony, no mames”, “wey, pero va a seguir haciendo sus mamadas”, “quiérete tantito, pendeja”. No me importó, confíe en que pasaría lo mejor, que él abriría los ojos y se daría cuenta de que yo le ofrecía un cariño como ningún otro y en un momento creí haberlo logrado.

    Una de las tantas veces que nos vimos él se quedó en mi casa, fue tan maravilloso. Yo no sabía que algún tendría la fortuna de sentirme tan querida como lo experimenté en esa noche. Le conté de mis miedos y de mis ansiedades. Por su parte él me regaló muchas historias de su vida, de sus sueños y de sus secretos, hasta cocinamos juntos una cena terriblemente fea pero que a su lado sabía deliciosa. En ese momento podría regalarle mis pulmones y mi corazón si él lo pedía. Por si fuera poco, al dormir abrazada a él sus brazos me regalaron una calma que hacía tiempo no experimentaba.

    Estaba claro, terminé total y locamente enamorada. “Vamos a todos los pueblos mágicos”, “quiero ir contigo a Inglaterra”, “eres lo mejor de mi vida”, “te adoro”. Hasta cierto punto él me correspondía, pero siempre sentí cierta duda respecto a lo que él sentía, siempre sentí que comenzaba a querer a alguien más y terminó siendo cierto.

    La última semana él dejó de responder a mis mensajes, yo estaba desesperada pues tenía la suposición de que él hablaba con alguien más. Traté de llamar su atención primero contándole de los guiones que escribía, después con sexo y al final con una serie de artífices disparatadas que no funcionaron porque siempre respondió con un triste y desalmado: “Estoy ocupado”.

    Entonces, comencé a escribir esta historia. Esperé con todo mi ‘amor propio’ destrozado y con toda mi alma que fuera cierto, que estuviera ocupado en sus estudios o en otras cosas y que mi historia tuviera un final diferente. Deseaba que resultara que yo estaba loca y que todos mis temores estuvieran infundados para al fin tener una relación tranquila y feliz, pero como dicen los Stones “You can’t always get what you want”.

    Horas después Ojitos verdes confesó que estaba viendo a alguien más que conoció en Tinder, que quiere intentar algo con ella y que realmente nunca deseó tener algo de verdad conmigo. Al final no terminó con ella y regresó conmigo a ser ‘novios’, lo interamiamos por un mes y medio; pero él incumplió su palabra y hace una semana me dejó por alguien más.

    Qué desenlace.
    A los dos nos gustan Los Simpson


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    Nat
    Miembro


    Nat on #102118

    Corre en dirección contraria. Es tan fácil enamorarse cuando ellos sólo quieren pasar el rato. Está claro que cuando un tío quiere algo serio lo obtiene. Todo lo demás son excusas.

    Ánimo y rehaz tu vida con alguien que sí te quiera sólo para él.

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    Beatriz Romero
    Participante


    Beatriz Romero on #102150

    Una cosa está clara «no se puede retener a quien no quiere querer». Muchas veces, cuando nos enamoramos, actuamos de forma que va totalmente en contra de nosotras mismas, nos adaptamos, queremos creer que así todo va a funcionar y nos olvidamos de que para que una relación funcione tienen que estar las dos partes igual de implicadas. De una forma u otra, todas hemos pasado por un desamor así y todas nos hemos dado cabezazos contra la pared… ahora solo te queda recomponerte y aprender de tu propia historia, hacerte fuerte para lo que vendrá y seguir experimentando.

    Muchos besos!

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    Paco
    Invitado


    Paco on #102481

    Se llamar sólo querer follarte.

    Suele pasar. Espabila.

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