Le estoy cogiendo manía a mi novio, tal cual. Me parece que le encanta el postureo y las alabanzas. Os explico: es un chaval normal, aunque siempre fue un poco apariencias, pero nada grave. Nunca supuso un problema para mí, porque sé que tiene muy buen corazón y que es todo fachada.
El caso es que él era ateo y yo católica. Hace como tres años, por curiosidad, empezó a venir a misa, a preguntarme cosas y a interesarse, y yo encantada no lo voy a negar. A día de hoy está involucrado en la parroquia, participa en grupos, ayuda a organizar retiros y oraciones… El otro día le sugerí que le sugerí que se animase a venir a participar en una labor social (mediante la iglesia también) en la ciudad, que sería cosa de un día o dos, y me ha dicho que no. Entonces, por este y otros detalles, empiezo a pensar que todo aquello que sea organizar cosas «sin mancharse las manos» y por las que luego recibe buenas valoraciones, eso le va bien. Pero implicarse en cosas que ya requieren tratar con gente necesitada, no. También he notado que está un poco más subidito en cuanto a apariencias y es como si quisiera ser más papista que el Papa.
Entiendo que cada uno se siente llamado a participar en cosas que le aportan y todo eso, pero me da la impresión de que lo otro lo hace por ego y por apariencias, mientras que ayudar de verdad ya no queda tan bonito si hay que arrimar el hombro y ponerse un delantal.
No sé si me estoy explicando, pero en resumen: creo que solo se involucra en tareas de buena apariencia. Y eso está haciendo que le coja un poco de manía.
Me diréis que lo hablé con él, seguramente. Ya lo he hecho y lo niega en rotundo. Y puede que sea una chorrada, pero para mí esa doble vara de medir en cuanto a ayudar me está afectando porque choca con mis valores.
Necesitaba desahogarme, consejos ya sé que saldrán variados y posiblemente a la mayoría le parezca una tontería. Gracias por leer hasta el final.
