Buenos días de fin de semana, espero no aburriros con mi historia.
Mi chico y yo llevamos más de cinco años juntos. Nos conocimos por amigos comunes y conectamos desde el primer momento. Para mí, que había estado con muchos tipos incorrectos, fue una sorpresa encontrar a alguien con quien se podía hablar de todo y que nunca tenía estrategias ocultas. Para él, cansado de chicas que esperan que las inviten y que miden los tiempos para contestar los mensajes, cruzarse conmigo, que iba de cara y que no necesitaba a nadie, fue la demostración de que podría tener una relación con alguien.
Además, nos llevamos y nos atraemos mucho: la relación perfecta. Evidentemente, nada es perfecto y, como toda pareja, tenemos nuestras cosillas. Pero somos felices juntos, que es lo importante. Hemos compartido siempre nuestros ideales y nuestras luchas. Todos los meses vamos a manifestaciones y somos combativos en las redes sociales. Por supuesto, somos feministas sin ninguna duda y estamos orgullosos de serlo.
Hace unos meses empezamos a hablar de bodas; justo algunos amigos están empezando a casarse y salió el tema. Por suerte, compartimos la idea de un boda íntima y un gran viaje de luna de miel. No dijimos fecha; lo único que queríamos era que fuera antes de tener hijos para disfrutar el viaje los dos. Ya habíamos dicho que nos gustaría tener un par de peques si era posible.
Hace unas semanas pensé que ya sería buen momento para hablarlo en serio y plantearnos cuándo queríamos casarnos. La conversación quedó en el aire sin concretar, pero me pareció que ya estamos en momento de empezar a pensar en fechas.
Así que una noche de sábado me propuse darle una sorpresa. Evidentemente, en nuestra línea sin, muchas complicaciones pero de manera divertida. Llegó a casa y se encontró un camino de pétalos de rosas. En cuanto lo vio, ya supo de qué iba el tema y empezó a sonreír. Le dije que se sentara en el sofá, que íbamos a ver un corto especial. Puse la tele y ahí estaba yo, vestida de Wonder Woman (su heroína favorita) hablando del amor, del compromiso y de la suerte de tenernos. Terminaba diciéndole que si quería casarse conmigo. Se emocionó, más de lo que yo pensaba, y fue un momento muy bonito. Me dijo que, por supuesto, que sí y nos besamos.
Ya habíamos hablado de que sería por lo civil y solo con padres y hermanos. Así que, sin muchas complicaciones, y la fecha la tendríamos que cuadrar en función del destino de la luna de miel.
Se lo contamos a nuestras familias y se alegraron mucho. Cuando se lo contamos a los amigos de mi novio, primero se quejaron por no estar invitados. Les ofrecimos una comida juntos, lo que no les convenció. Preguntaron por cómo fue la pedida y mi chico se lo contó superemocionado. Y empezaron las risas y a meterse con él. Estuvieron un rato haciendo gracias y chistes machistas. Para mí, que les tenía en buena consideración, fue muy decepcionante. Mi novio les rebatió, les cuestionó, se enfadó. Les dio igual; siguieron con sus risas y sus chistes.
Al rato cambiaron de tema y seguimos como si nada. Cuando llegamos a casa lo hablamos y mi chico estaba muy dolido. Sabía que no todos sus amigos son tan luchadores como él, pero su actitud era machista y de las que no había que tolerar. Yo le dije que él ya le había contestado, que había hecho lo correcto y que dejar de verles no era la solución.
Las siguientes veces que hemos quedado no ha salido el tema de la boda y no ha habido ningún comentario. Pero mi novio ya no les escucha igual y me da pena, porque si sigue así dejarán de ser sus amigos. Estoy animándole a que organicemos una comida con ellos y que seguro que están a la altura. La verdad es que no lo sé, pero tengo esperanza de que sí. Me gustaría saber cómo lo veis desde fuera. Muchísimas gracias.
