Desde que fui madre, mi amiga insistía en que le dejara algún día hacer de canguro de mi hija. Ella tiene dos años menos que yo, es decir 25. Siempre ha sido una persona responsable, aunque algo alocada, pero llegó el momento en el que realmente necesitaba ayuda y le ofrecí cumplir sus deseos de convertirse en la canguro de mi peque.
Esa noche yo tenía la cena de aniversario con mi marido y mis padres estaban de viaje por lo que no teníamos donde dejarla.
Fuimos a casa de mi amiga y allí le di la cena y el bañito a mi peque, delante de ella para que viera cómo se hacía, pero yo me quedaba más tranquila, dejándolo todo hecho. Eran las 8:00 de la tarde cuando nos íbamos y apenas tenía que jugar un ratito con ella y luego acostarla.
Llegamos al restaurante a las 8:20 y apenas nos sentamos en la mesa, nos llamó por teléfono histérica, diciendo que la niña se había golpeado la cabeza y que se la llevaba a urgencias.
Creía que me moría allí mismo, me puse histérica y mi marido anuló la reserva y nos fuimos corriendo al hospital. A la pobre peque le pusieron grapas en la cabeza con apenas tres añitos. Mi amiga no paraba de pedirme perdón, diciendo que simplemente estaban jugando y que la peque se cayó de cabeza desde el sofá contra la mesa de centro.
Sé que es mala suerte, pero no puedo evitar pensar que a mí no me habría pasado. Desde entonces no he vuelto a confiar en nadie para cuidar de mi hija, ni siquiera me atrevo a dejársela a mis padres como hacía antes y no sé si alguna vez superaré esto.
