Tengo 41 años, llevo 14 con Marcos (nombre obviamente ficticio), y siempre me había considerado una persona bastante… no sé, honesta. De esas que no saben mentir ni cuando les preguntas si el corte de pelo les gusta. Pues resulta que sí sé mentir. Llevo ocho meses haciéndolo y se me da de puta madre.
Empezó en un viaje de trabajo a Valencia. Yo soy comercial de una empresa de packaging, lo que significa que viajo bastante y que en los hoteles hay mucho tiempo muerto y mucho aburrimiento. Daniel es cliente nuestro desde hace años, siempre habíamos tenido buena relación pero nunca nada raro. Esa noche quedamos a cenar para cerrar un pedido grande y no sé qué pasó. Pasaron varias cosas a la vez, supongo. Que Marcos llevaba semanas sin mirarme, que yo estaba muy cansada de sentirme invisible en mi propia casa, que Daniel me dijo algo que me pareció tan simple y tan bestia al mismo tiempo que no pude.
Me dijo que se notaba que era una persona que disfrutaba de las cosas. Así, sin más. Y yo me eché a llorar. Ahí, en el restaurante. Qué vergüenza la que pasé. Pero él no se incomodó ni nada, siguió hablando con normalidad y cuando nos despedimos me dio un abrazo que duró demasiado y yo no me aparté.
Lo que vino después ya os lo podéis imaginar.
El caso es que esto no es una historia de amor loco ni nada de eso. Daniel tiene pareja, yo tengo a Marcos, nos vemos cuando coincidimos por trabajo que es como tres o cuatro veces desde entonces, y el resto es whatsapp. No es que esté enamorada de él. Creo. A veces pienso que lo que me gusta es simplemente que alguien me vea. Qué patético suena eso escrito.
Hace dos semanas Marcos me preguntó si estaba bien. Le dije que sí, que era el trabajo. Me preguntó si había algo más. Le dije que no. Se quedó mirándome y yo pensé madre mía lo sabe y justo en ese momento el microondas pitó porque tenía las sobras dentro y él fue a por ellas y se acabó la conversación.
Desde ese día no puedo quitarme de la cabeza que quizás él quería que yo dijera algo. Que me estaba dando la oportunidad. O igual me lo estoy inventando porque necesito que alguien me dé permiso para contárselo o para no contárselo, no sé.
Mi mejor amiga sabe una versión muy resumida y me ha dicho que no le cuente nada a Marcos porque solo serviría para descargar mi conciencia a costa de hacerle daño a él. Pero también me siento fatal viviendo así.
Necesito que alguien me explique cómo narices sabéis cuándo algo hay que contarlo y cuándo es mejor callarse para siempre
