A ver, que yo quiero mucho a mi marido. Ya llevamos más de veinte años juntos. Nos conocimos jovencitos y hemos ido madurando y creciendo juntos. Apoyándonos en nuestra vida común, con nuestros más y nuestros menos. Pero juntos, pudiendo decir que nos queremos y somos felices en nuestra vida de pareja.
Pero parece ser que hombres y mujeres vamos madurando de manera diferente.
Chica, mi marido siempre tiene ganas de mojar el churro. No se ha ido aplacando con el paso de los años. Y yo, en cambio, cada vez tengo menos ganas. Siempre voy cansada. Un trabajo estresante, unos hijos adolescentes que absorben la energía, unos padres que empiezan a ser dependientes… Cuando llega el final del día, yo lo que quiero es tomarme un cafecito tranquila, sentadita en mi sofá, mientras veo el k-drama de turno.
Tampoco es que durante el día me vengan muchas ganas de mambo, porque tengo mil cosas en la cabeza. Supongo que es cuestión de prioridades, y en la supervivencia de mi día a día no entra el follisqueo como algo elemental.
Y mi marido, cuanto menos ejerce el acto de la chingación, parece que más ganas tiene. Que va más salido. Que es como si no existiese otro tema sobre el que hablar conmigo.
Que no te digo yo que no esté más susceptible barra inapetente por culpa de las puñeteras hormonas y la perimenopausia. Pero, a ver, que creo que está llegando a niveles que no me parecen ni medio normales.
Me lleva la cuenta de los días que no follamos. Y me lo recuerda cada noche, cuando me meto en la cama con mi súper pijama de abuela (feo, sí, pero taaaan cómodo), supongo que cuando se da cuenta de que “esta noche, tampoco”.
Me dice groserías para ver si respondo. Me roza “casualmente”. Me propone ver pelis guarrillas, a ver si me entono.
La verdad es que me sabe mal por el pobre hombre. Le hago pasar hambre, no nos vamos a engañar. Si por él fuese, chuscaría cada día. Si por mí fuese… bueno, no soy capaz ahora mismo de decir si necesito practicar sexo.
Yo lo que necesito es romanticismo, como una vil adolescente enamoradiza. Pero eso no es una prioridad para mi marido. Creo que por eso me estoy volviendo adicta a las series coreanas sentimentaloides, para poder satisfacer mis necesidades insatisfechas y tener mi dosis de idilio amoroso necesario.
Pero hay veces que me cansa escuchar sus quejas. Que me harta. Que pienso: “¿Y no se callará un ratito?”
Y como no, que no se calla, cedo. Sí, cedo. Me ablando. Claudico. Me rindo. Como lo queráis llamar. Y le digo: “Venga, va, que me dejo”. Y tengo sexo con él casi obligada por la situación. Entre que me da lastimilla y que me tiene harta de quejas e intentos de excitarme, prefiero darle el gusto.
A ver, que al final yo también me lo paso bien. Pero vamos, que yo me lo puedo pasar bien de muchas maneras. Pero, al menos, así consigo poner su cuenta de días sin follar a cero. Y espaciar unos días sus continuas quejas.
Así que sí, puedo decir que folio por obligación.
Pero creo que no soy la única… ¿verdad?
