Estoy escribiendo esto con el bebé dormido encima de mi pecho y las tetas doliéndome porque me ha subido la leche hace nada así que imaginad el nivel de humillación. Hace 12 días que he parido. sangro, huelo raro, lloro por cualquier cosa, no duermo más de dos horas seguidas y todavía me cuesta sentarme sin poner cara de que me están partiendo por la mitad. Y hoy me he enterado de que mi pareja está liado con su becaria de 24 años.
Llevaba semanas raro. Muy pegado al móvil, escondiéndolo, yéndose al baño con él, bajando a por cosas que tardaban una vida, diciendo que necesitaba despejarse, que estaba en un momento malo, que no le presionara que bastante culpa sentía ya por no poder estar al cien por cien.
Hoy se dejó el portátil abierto con el WhatsApp web y vi un mensaje de ella. Me muero por verte otra vez. Al principio pensé que estaba leyendo mal porque mi cabeza no quería asumirlo. Luego seguí. Y ahí estaba todo. Mensajes de hace meses. De antes de parir. De cuando yo estaba embarazadísima
Había fotos. Había audios. Había frases que todavía me dan ganas de vomitar. Que con ella se sentía vivo. Que en casa todo era tensión. Que ojalá la hubiera conocido en otro momento. Yo leyendo eso con una compresa postparto entre las piernas y la cuna al lado. Es que no se lo deseo a nadie.
Ni siquiera tuvo huevos de negarlo bien. Primero dijo que no era lo que parecía. Luego que estaba confundido. Luego que no había pasado nada físico hasta hace poco como si eso me tuviera que consolar. Ah vale perfecto entonces. Solo me has estado traicionando emocionalmente mientras yo vomitaba embarazada y luego ya te la has tirado cuando yo estaba abierta en canal. Qué detalle.
Y encima se puso a llorar que no quería perder a su familia, que me quiere, que se le fue de las manos, que estaba muy mal, que ella le escuchaba, que conmigo todo era bebé, médicos, cansancio y reproches. Normal que todo fuera bebé pedazo de miserable.
Sé que debería coger al bebé y largarme a casa de mi madre o echarle yo a él. Pero estoy tan rota y tan recién parida que hasta pensar en hacer una maleta me parece subir el Everest. Me miro al espejo y no me reconozco. Solo necesitaba soltarlo porque siento que si no lo escribo reviento. Estoy recién parida, destrozada por dentro y aun así tengo que seguir dando el pecho, cambiando pañales y funcionando como si no me hubieran arrancado la piel a tiras.
