Buenas noches.
Mi historia es larga, de esas que quizás en una sola tarde tomando un café no sería capaz de contaros todo. Comenzaré con la básico.
Mi nombre es Cristina, tengo 23 años y mi padre falleció la semana pasada.
Desde que tengo memoria, mi padre nunca fue un gran ejemplo a seguir, y por supuesto, no era el hombre más afectivo del mundo.
Me crié en una casa donde mi madre lo daba todo por sus tres hijas, es una mujer luchadora que siempre nos dio amor y afecto. Y por otro lado, estaba mi padre, un hombre de temperamento explosivo que solía insultar y gritar diariamente.
De pequeña (os hablo de quizás 6/7 años) recuerdo que mi padre dejaba moratones a mi madre, y ella gritaba diciendo que parase, que le hacía daño. Cuando yo me asomaba a la habitación, mi madre decía que no pasaba nada, que solo estaban jugando.
A la pre adolescencia, con la tierna edad de 12/13 años, cuando comencé el instituto, pasé por serios problemas (eso daría por otro post) pero para simplificar… Me hacían lo hoy conocido como «bulling», hasta el punto de esperarme 8 a la salida para pegarme.
¿Porqué? Por qué estaba gorda.
Mi padre, en una de las tardes que llegue con moratones a casa, recuerdo que dijo «es culpa de ella, algo hará para que la peguen.» U otras joyas como «es normal, es que da vergüenza verla de lo gorda que está».
Jamás fue a buscarme al instituto, ni habló con los profesores… Todo lo hacía mi madre, hasta el punto que ella movió todo para cambiarme de instituto.
Después, cuando ya era una adolescente, comencé a darme cuenta que las cosas en casa no estaban bien. No me gustaba como gritaba, insultaba y trataba a mi madre, así que comencé a rebelarme. Si él le decía algo, yo contestaba, nos gritábamos mutuamente, hasta que mi madre debía intervenir para pararnos.
Una tarde, recuerdo que me recriminó dejar una mochila en la salita, y le dije que él dejaba su bolsa del almuerzo. Fue decir aquello y se me abalanzó encima. Yo estaba recostada en el sofá y no me pude defender bien, solo le di una pequeña patada. No me golpeó, solo zarandeó con fuerza, pero me dio realmente miedo. Mi madre lo apartó al instante y obligó a que marchase.

Los insultos y vejaciones eran cada vez más habituales…
Hasta que llegó la primera agresión.
Mi madre, de camino a casa, se encontró con mi padre, y este, en un ataque de celos, la cogió de los pelos y el cuello.
Ella no contó nada hasta pasado unas semanas.
Nadie hizo nada.
Mi madre terminó cogiendo la baja por depresión, alentada por mi padre, el cual le dijo que le ayudaría. Se descubrió que mi madre tiene fibromialgia, y por eso lo pasaba tan mal en el trabajo.
Ella apenas hacía nada en casa; su cuadro de depresión y su dolor le impedían hacer cosas cotidianas.
Sólo fueron un motivo más para el doble de insultos diarios.
Nadie hizo nada.
2019, en una de sus tantísimas discusiones, mi madre fue a dormir al sofá.
Al día siguiente nos dimos cuenta sus tres hijas que apenas respiraba bien, y se quejaba mucho del lado derecho de las costillas.
Tras insistir… Nos confesó que mi padre esa noche, le había cogido de los pies, tirado del sofá (donde se dio con la mesita de cristal en el costado) y la arrastró hasta la habitación. Ella no pudo gritar por la medicación que se toma cada noche para dormir que la dejan atontada y sin fuerzas.
Decidimos denunciar.
Mientras pedíamos ayuda al 016, pedíamos una cita, íbamos al médico a contarlo… Pasaron algunos días, donde en casa, se seguía estando tan normal, como si nada pasara.
9 de septiembre de 2019.
Mi padre se intentó suicidar en casa con pastillas.
Nos dimos cuenta y llevamos al hospital, donde le salvaron la vida.
Mi madre le perdonó, porque él llorando dijo que iba a cambiar, que lo sentía (pero recalco, que siempre decía lo mismo en las miles de discusiones)
Y de nuevo, después de unos meses, la historia de los insultos, gritos, menosprecios… Volvieron.
2020, otra discusión. Mi padre decía negarse a pagar nuestra comida, y ropa y que a partir de ese día los gastos serían a medias (menos comida y eso). Mi madre, tras la discusión, decidió que como ya no serían pareja, ella dormiría en el sofá. Mi padre, como solía hacer, le quitó el mando a mi madre para que ella no pudiera ver la tele (así la castigaba).
Ella, fue a buscar el mando, y él le retorció el brazo, hasta hacerle daño.
11 de noviembre de 2020. Denunciamos.
Pusimos una denuncia las 4, por los malos tratos en general que habíamos sufrido todas.
Nos avisan que al día siguiente se lo notificarían y debería estar mínimo un día en nuestro piso.
No podemos dormir de los nervios.
Llega el día en el que le avisan. Vuelve a casa mucho antes de lo normal, llega con los ojos rojos; ha llorado. No nos mira, nos pide que nos vayamos del salón que necesita hacer algo.
Al día siguiente es el juicio rápido.
Él se despertó a las 6, se duchó y volvió a su habitación, y no fue hasta que nosotras nos levantamos y fuimos a preparar que él no salió.
Yo me estaba arreglando.
Él me miró. Yo le miré.
Ambos estábamos esperando la mínima para saltar.
Marchó.
Marchamos.
Le concedieron la orden de alejamiento a mi madre.
Nos pusimos a reír, nos alegramos, comimos fuera, ese día dormimos como ningún otro.
Éramos felices.
Al día siguiente. Lloré.
¿De verdad le hice eso a mi padre?
¿Estará bien?
¿Tendrá donde ir?
Lo echo de menos.
¡Es genial no tener miedo a que sean las 6 de la tarde! (Hora que él volvía del trabajo)
¿Cómo puedo haberle echo algo así?
Dios, hacía años que no jugábamos a juegos de mesa y nos reíamos tanto.
Era feliz de día. Lloraba por las noches.
Obviamente fuimos ayudas psicológicas que nos ofrecieron, una red llamada PIAD donde ayudan y orientan a la mujer maltratada. Nos dan psicología familiar y a mí madre una particular.
Pasan dos meses.
Enero, 2021. Nos enteramos que mi padre fue hallado en el suelo de su piso. No sabemos nada más, nadie nos dice nada más.
Luchamos contra la incertidumbre de si estará bien, o no.
Todos nos dicen que hicimos lo correcto.
Todos dicen que no podíamos seguir con esa vida.
Todos se alegran de nuestro paso.
Menos nosotras.
25 de febrero, mi madre se empieza animar, y marcha dos días con sus hermanas a dormir a casa de una de ellas. Me llama por la noche riéndose diciéndome las tonterías de las que hablaban. Las dos nos reímos. Le doy las buenas noches.
27 de febrero de 202, pasa el fin de semana y terminan todas mis tías en casa con mi madre. Una de mis tías tenía la cara seria, me pide que diga a mis hermanas mayores que vengan de inmediato al salón.
«Vuestro padre, ha muerto».
Y como si me hubiesen arrancado el aire, no puedo respirar. Tiemblo, se me nubla la vida y estallo finalmente en llanto.
Todas lloramos, mis tías nos animan. Mi madre sufre un shock y debemos llamar a la ambulancia.
Ya no está.
¿Se ha suicidado por mi culpa?
¿Se ha caído del balcón por no comer y marearse?
¿Hicimos bien en echarlo?
Aún estamos a espensas de la autopsia, no sabemos si fue suicidio o no, pero… ¿Recordáis que lo encontraron tirado en el suelo? Fue un intento de suicidio. ¿Esta vez lo habría conseguido?
Vamos al tanatorio. Lo veo después de 3 meses. Está mucho más delgado, pero… Se veía descansando en paz.
Lo incineramos al día siguiente.
Dos días después recogemos las cenizas.
Eso fue hace apenas una semana y media.
Aún me pregunto, ¿Tan monstruo fue?
¿De verdad valió la pena todo esto?
¿Si se hubiese quedado con nosotras, seguiría vivo?
Si me lo preguntáis… Una parte de mi es feliz que mi madre pueda vivir haciendo lo que quiera, y sin que nadie le insulte todo el día… Pero acaso esa libertad, ¿cuesta la vida de una persona?
Algunos dicen que «o era él, o tu madre algún día». ¿Y si no? ¿Y si solo le agredió por culpa de su enfermedad? (Tenía bipolaridad leve)
Pienso que todo se podría haber echo de otra forma. Pienso que la denuncia no tendríamos que haberla echo jamás, solo tendríamos que habernos ido de casa y ya está, quizás eso no le habría supuesto un gran peso y no habría hecho nada (si es que lo hizo…)
Lamento haber dado el paso.
Lamento haber incitado a mi madre a dar el paso.
Lamento que no le haya podido pedir perdón.
Lamento que se haya visto sólo y desesperado.
Lamento no poder verlo nunca más.
Lamento haber denunciado.
Lamento no decirle un último «te quiero» y haber recibido un «mariconadas las justas» como respuesta.
No sé si esto es algo que algún día pueda superar. No hay forma que nadie me haga ver que no soy culpable de su muerte.
No vengo a buscar vuestro apoyo, solo a desahogarme y decir que, después de todo, denunciar unos malos tratos no siempre traen la paz que pensabas que ibas a lograr. No siempre denunciar parece ser la mejor opción.
Lo siento si esto os parece horrible a unas, y lo siento si hago dudar a otras. Solo vosotras sabréis si vuestro caso se merece o no, una denuncia. Solo vosotras sabréis si sois o no lo suficientemente fuertes como para aguantar todo un proceso que se hace lento y eterno.
Solo diré que, si pudiera, retrocedería y jamás lo haría.
Puedo aguantar una vida entera de insultos y gritos, si eso quiere decir que él siguiera con vida.