Hola a todas.
Mi nombre es Silvia y tengo 58 años. Soy de España pero vivo en Brasil. Desde hace un año y medio a esta parte me separé de mi marido, que es de aquí y la razón principal por la que me vine a vivir a Brasil. Después de casi 35 años juntos, descubrí que tenía sexo con varias vecinas. Después de numerosas discusiones acabé dejándolo(cuando lo pude confirmar). Todas mis amistades que tenía allí, me dieron de lado, poniéndose de parte de él. No dudé un segundo en marcharme, no solo de la casa, sino también de esa ciudad y mudarme a un pequeño apartamento en una ciudad más cerca de donde trabajo.
Aquí comenzó un poco mi nueva vida. Una vez hice la mudanza me derrumbé y estuve 1 semana encerrada, sin salir y donde solo quería llorar. A partir de ahí traté de mantener la cabeza ocupada haciendo cosas. Me apunté al gimnasio y a un par de clases de pilates y yoga. Durante un par de meses esa fue mi rutina, hasta pude hacer un par de amistades allí.
Después de comentarles a esas amigas lo que me había pasado, me recomendaron salir y conocer gente nueva y, sino, podía utilizar una aplicación de citas. No me atrevía mucho a salir por mi edad y porque no tenía con quien salir, así que estuve algunos meses en esas aplicaciones que me recomendaron. La cosa fue horrible. Lo peor de cada casa estaba metido en esas aplicaciones y, el problema es que la misma gente estaba apuntada en las otras aplicaciones, con lo cual siempre encontrabas a la misma gente.
Desesperada, entré a Tinder, ese lugar que me dije a mi misma que no iba a probar nunca. Aquí ya había muchos más hombres que en las anteriores aplicaciones y de muchas más edades. Yo intentaba buscar de mi franja de edad pero lo que veía, no me gustaba nada. Y los pocos que conocí en persona… dejaron mucho que desear.
El caso es que mis amigas me animaron a buscar chicos más jóvenes y que probara cosas nuevas. Yo era reacia a eso, porque, aunque nunca tuve hijos, me veía muy mayor para alguno de ellos, como si fuera su madre o incluso su abuela, pero les hice caso y empecé a buscar chicos jovencitos que me llamaran la atención. Si no encontraba un hombre para una relación estable… al menos, disfrutar de algún encuentro casual con algún jovencito guapo. Total, en mi ciudad casi no me conocía nadie, así que me dije, ¿por qué no?
No voy a entrar en demasiados detalles, pero la primera experiencia que tuve con los jovencitos me marcó, con un chico de 19 años. El sexo fue diferente a lo que había vivido. Más intenso, más salvaje, más pasional, más sensual… fue algo que no había sentido nunca. Desde ese momento comenzó mi locura. Desde ese entonces comencé a buscar a los jovencitos más próximos a mi ciudad y empecé a tener relaciones sexuales con bastantes jóvenes que procuro que sean de entre 18-19 años hasta un máximo de 25 años. Ha sido lo mejor que he hecho, el quitarme ese miedo al qué dirán o al dejar de pensar que estaba mal por la diferencia de edad.
De todas maneras, no todo es maravilloso. He conocido a chicos sin experiencia y/o que sexualmente eran malos en la cama. Evidentemente tiene que pasar, pero si pongo en una balanza lo bueno y lo malo de estas experiencias… me quedo sin discusión con las buenas experiencias.
A medida que pasan los meses, empiezo a tener ese «miedo» de que, debido a estas experiencias, no vuelva a gustarme estar con alguien de mi edad, o no lo disfrute tanto.
¿Pensáis que ese miedo que tengo es, no se, miedo a intentar algo serio con alguien?
