Conseguí hace un tiempo el trabajo de mis sueños pero me está matando. Y no por el trabajo en sí, ni por el estrés, ni siquiera por los compañeros o por tener un mal jefe. Es que llegar a tiempo al inicio de la jornada laboral es una odisea diaria.
Vivo en un pueblo a unos sesenta kilómetros de la capital. Se me presentó la oportunidad de mi vida cuando pasé las pruebas de selección para un puesto de trabajo para que el que me había estado preparando toda mi vida. Por fin iba a poder trabajar de lo que había estudiado y me gustaba. Sueldo correcto. Motivación total. La única pega es que está un poco lejos de casa. Pero bueno, oye, se madruga un poco más y no pasa nada.
En cuanto me aceptaron, descarté ir cada día en coche. Por varios motivos. Las retenciones de primera hora para entrar en la ciudad. El desgaste de coche. El tener que buscar aparcamiento. Y que mi coche es funcional pero viejito, y con la zona de cero emisiones ya no puede entrar según a qué partes de la ciudad.
Bien, apostemos por el transporte público. ¿Bien? No, para nada bien. Sólo puedo ir en tren. Cercanías de Renfe. Y conforme pasan los años, cada vez es más calamitoso usar la línea de cercanías que pasa por mi pueblo, por su estado de conservación y por las mil y una incidencias.
Veamos. Os hago una lista sucinta de cosas que he tenido que sufrir, provocando retrasos, y que han hecho que llegue tarde al trabajo un montón de veces. Tenemos la avería porque han robado cobre de los cables. Que ya me dirás para qué quieren el cobre. ¿Para hacer ollas para cocer el pulpo? Un tren que no ve un árbol caído en la vía, por un deslizamiento de tierra por lluvias intensas, y que deja al tren atascado. A parte del susto del frenazo, no sabía lo alto que estaba un tren hasta que nos hicieron saltar del vagón a la vía y subirnos a otro que nos vino a buscar. Averías porque sí. Digo porque sí, porque no se sabe qué había pasado ni daban ninguna explicación. Igual que cuando está anunciado un tren en el panel, avisan por megafonía que está a puto de entrar y de repente desaparece del panel. Y te anuncian otro para media hora después. ¿Qué ha pasado con ese tren? ¿Se ha ido directo a una dimensión desconocida? ¿Era el tren de Hogwarts y yo soy una puñetera muggle sin derecho a subirme a él?
Tenemos trenes parados porque ha subido alguien que no quiere pagar o que está montando follón y hasta que no lo desalojan, el tren no continúa. Un día, un pasajero que también llegaba tarde, se hartó, cogió al follonero y lo bajó él mismo, para que el tren pudiese continuar, entre aplauso y vítores del resto de pasajeros. Tenemos huelgas que no respetan ni los servicios mínimos. Que el derecho a huelga es sagrado, pero a ver, que si hay servicios mínimos, un poco de comprensión para el resto de currantes, ¿no? Y ya cuando están en obras para reparar un tramo de la vía y ponen servicio alternativo de autobuses, aquello parece una yimcana.
¿Consecuencias de todo esto? Cada vez me levanto más temprano para intentar prever incidencias. Los nervios que paso durante todo el trayecto me están provocando una úlcera de estómago. Si incluso tengo pesadillas recurrentes con trenes encantados que me hacen prisionera. Cada dos por tres me tengo que quedar a recuperar horas en el trabajo, además de que me están llamando la atención por llegar tarde a menudo. Y vivo estresada porque la falta de sueño y los nervios acaben afectando a mi rendimiento laboral, cuando justo ahora estoy en un sitio que me encanta.
Hace un tiempo mi coordinadora me dijo que tal y como lo veía ella tenía tres opciones: una, dejar el trabajo y buscarme otro cerca de casa. No, no quiero, ahora estoy donde quería estar laboralmente hablando. Dos, cambiar mi lugar de residencia. Si me lo pudiera permitir… Y tres, teletrabajar. Pero es que me gusta mi grupo de compañeros. Me lo paso bien con ellos y trabajo muy a gusto. No estoy hecha para estar todo el día encerrada en mi casa, sola, sin interactuar presencialmente con mis compis.
Pero voy a tener que decidirme porque esta situación no la voy a poder aguantar mucho más. La puñetera Renfe va a acabar conmigo.
