Mirad chiquis lo voy a soltar aquí porque en la vida real no tengo huevos.
Me he puesto bótox.
Unos pinchacitos en la frente y en el entrecejo y otro poquito en la boca. Nada loco. No me he transformado en una influencer ni parezco una estatua de cera. Me sigo pareciendo a mí, pero una versión mía con cara de haber dormido ocho horas.
Y estoy encantada me veo mucho mejor, pero no se lo he dicho a NADIE, mi madre ni amigas, ni marido
Porque sé lo que viene.
El festival de opiniones no pedidas:
— “Con lo guapa que eres, no te hacía falta.”
— “Uy, yo prefiero envejecer natural.”
— “Yo es que esas cosas me dan miedo, ¿y si te dejan mal?”
— “¿Pero eso no es carísimo?”
Y sinceramente no tengo energía.
No tengo ganas de justificar algo que me he hecho por mí. Porque me ha dado la gana. Porque puedo. Porque quise probar. Porque me salió del papo.
Y aún así me escondo. Como si hubiera hecho algo prohibido. ¡Por un poco de bótox Mari Carmen!
Me preguntaréis si no me lo han notado, y lo cierto es que llevo días recibiendo cumplidos de que estoy más guapa, pero o no se han dado cuenta o no lo han verbalizado, como tb hace poco que me cambié el pelo digo que debe ser por eso y pista.
En fin que me da rabia porque en el fondo decimos que hay que quererse, pero a la mínima se ridiculiza a la gente que se pone botox o se opera o se las tacha de que no se quieren a si mismas.
Seguramente repita y para entonces no se si lo contaré.
Ya vendré a actualizaros :)
