Reproducimos testimonio de una seguidora:
Sé que en esta historia muchas me vais a poner a parir, pero bueno, cada una conoce su situación y porque hace las cosas.
Trabajo en un hotel, soy recepcionista desde hace varios años y estoy a gusto allí, aunque el sueldo no es lo mejor.
Hace unos meses me echaron del piso donde llevaba casi tres años viviendo, el casero lo necesitaba para una de sus hijas, yo tenía una cláusula que contemplaba esa situación y aunque quise frenarlo, me tuve que ir.
El problema no fue irme ni volver a casa de mis padres, fue volver a encontrar algo. El alquiler está fatal y me pedían entre 3-4 meses por adelantado solo para entrar a vivir. Y ni de coña tenía ese dinero.
Me puse a ahorrar como una loca, pero hasta siete meses después, no tuve el dinero para poder pagar la entrada en un piso muy justito y que dejaba mucho que desear. Pero necesitaba la independencia de estar lejos de mis padres.
Hice todos los pagos y me quedé pelada, pelada peladísima. Tanto, que me costó terminar el mes y casi me quedo hasta sin comida.
Muchas pensaréis que entonces no debería haberme ido, que podría haber esperado un poco más y cuando estuviera mejor económicamente, buscar piso. Pero de verdad que la cosa estaba tan mal, que cuando salió una oportunidad, no pude rechazarla.
En fin, todo esto solo para poneros en contexto de mi situación, que sé que a muchas no os servirá, pero las cosas fueron así.
Un día al salir de trabajar, recién mudada al piso y pasándolo mal económicamente, me encontré una cartera.
Estaba justo delante del hotel, en unos jardines donde hay una parada del bus y mucha gente se espera allí, entre unos arbustos. Había que fijarse muy bien para verla. La cogí y reculé para llevarla al hotel, ya que en esa zona no había mucha cosa y seguro que era de algún turista que la había perdido.
Mientras caminaba hacia la puerta, la abrí para ver si había alguna identificación y me encontré con seis billetes de cincuenta.
Me frené en seco con la cartera en la mano y tuve un debate interno muy fuerte. Realmente necesitaba ese dinero, pero me sentía mal quedándomelo. Me quise decir que era un regalo o señal del destino, pero también pensé que era un momento para hacer las cosas bien.
Estuve varios minutos dándole vueltas y finalmente me quedé la cartera. No solo el dinero, porque decidí que iba a devolverlo, pero no ahora, porque me era imposible.
Me gasté parte del dinero en comida y algunas cosas que tenía atrasadas, el resto no lo toqué y lo dejé dentro. Me esperé a cobrar, unos 10 días después, y entonces volví a poner el dinero dentro.
Fue como hacerme un préstamo a mí misma, que, dentro de mi código moral, estaba a medio camino entre lo bueno y lo malo.
Cuando lo pude reponer, cogí la cartera y la llevé al hotel explicando dónde la había encontrado. Allí comprobaron la identificación, localizaron en la base de clientes al propietario y le pudieron contactar.
No tengo claro si le pudieron hacer llegar la cartera, ya no volví a preguntar más y agradecí la suerte de haber podido disponer de ese dinero.
Le he contado esta historia a pocas personas, y nunca me han dado una respuesta en claro. Unas piensan que fui tonta y otras que no actué bien, lo que ninguna de ellas piensa es si se les habría ocurrido hacer lo mismo que hice yo.
