Me está llamando pero para nada, saludar y colgar, vamos, pero de vez en cuando se hace notar y me llena de nostalgia. Recuerdo a mi amada Candela Peña en la peli Princesas cuando decía que tener nostalgia en sí no es malo, que eso quiere decir que te han pasado cosas buenas, pero mi nostalgia trae un poco de pena y no sé si un poco de haberme quedado con las ganas también. Después de un gran estudio empírico como es leer artículos en esta web, he podido conocer historias de varias de vosotras en las que años más tarde historias del pasado siguen presentes, aunque no he llegado a establecer conclusiones, he aquí cuando necesito de vuestra ayuda como expertas.
Mi historia, a partir de ahora historias, son tres. Tres personas que tuvieron un impacto especial en mi vida y con las que todavía muchas veces me pregunto cómo serían las cosas de haber seguido aquellos caminos. Y no me llaman ellos, qué va, son llamadas del subconsciente que suenan cuando hay una fecha importante, cuando alguien habla de un lugar, cuando me siento desatendida y pienso que quizá serían maridos más detallistas… Ahora mismo no me queda otra que reconocer que son historias que tengo idealizadas, que siempre recuerdo con quizá más romanticismo del que emanarían si llegaran a hacerse realidad.
Mi primer personaje de telenovela, natural de Buenos Aires. Viajé allí con 20 años para terminar mi carrera y pude conocer a quien llevaba un par de años enseñándome y aconsejándome sobre fotografía en una relación online. No cuajó. Vamos, más chungo aquello que una mayonesa a la que se le corta el huevo. Viví seis de los mejores meses de mi vida, incluyendo algún revolcón con uno de sus amigos que sigue siendo mi
Bff 15 años después. Ahí quedó y no hubo gloria, pero tampoco pena, lo que pasa que a veces sí que me imagino viviendo en ese cuento de príncipes y princesas.
El segundo tío, uno de los que sabe vivir la vida. Lo conocí un verano que estudié en Irlanda. El marido que no deseas para ti ni para tu amiga ni para tu hija. Buena persona, buenísima, pero un Peter Pan que sigue buscando algo que le haga volar. Este sí que me llama de vez en cuando, nos vemos por la geografía española y los dos verbalizamos que en un universo paralelo seguro que estamos comprometidos y enamorados. Desde luego que tampoco cuajó, ni intentamos que cuajara siquiera. Este chico era (¿es?) aventura, nervios, sorpresa, risa, sorpresa.
Y por último, el peligro que llegó en la madurez, otro tipo de movida. Tranquila, silenciosa, que llega en un bache con su mujer y en tu continuo plantearte si estás donde quieres en la vida. Un hombre en el que su cerebro vale mil veces más que su físico, sus conversaciones, su manera adulta e inteligente de hacerte sentir valiosa. Unos mensajes, llamadas y encuentros muy discretos y profesionales, sin rebasar ningún límite aunque aquí todos sabemos que hay partidos que se juegan sin saltar al campo y además en esta, haciendo galardón de su honor, agarramos el freno de mano cuando todo aún pasaba por una relación no peligrosa.
Entonces, ¿qué? Explicadme; ¿es un vacío existencial?. ¿Es normal?. ¿Es una inconformidad con la vida que no se me va a pasar nunca? ¿Sigo teniendo un cerebro adolescente?. Sigo; ¿todos tenemos estas historias del pasado que vienen a vernos como el fantasma de la Navidad al Señor Scrooge?. ¿Ellos alguna vez habrán imaginado cómo hubieran sido sus vidas conmigo?. ¡Pero yo qué me creo!. Termino; ¿vosotros también tenéis estos recuerdos tan vívidos?, ¿cómo actuáis con ellos?, ¿creéis que quieren decir algo más de lo que dicen?.
