Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
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Hola, buenas tardes:
Es mi primera vez en este foro y no sé ni por dónde empezar… Espero no excederme demasiado.
Hace un mes y medio, mi sobrino me propuso ir a dar un paseo con mis perros: un American Bully y dos galgas italianas, con las que le hacía ilusión salir porque le gustan mucho. Su madre, mi hermana, estuvo de acuerdo.
Comenzamos el paseo sin incidentes, guardando distancia entre el bully (que iba conmigo) y mi sobrino (que llevaba a las galgas), ya que el bully es un poco nervioso con los niños y alguna vez nos ha dado algún susto. Todo fue normal hasta el final del paseo. Llegamos a casa de mis padres, donde se iba a quedar mi sobrino. Ellos estaban en el balcón y nos pusimos a hablar.
En un momento dado, mi sobrino se acercó a mí sin previo aviso y, jugando, el perro saltó y le mordió la pierna. No mostró signos previos de agresividad. No lo comenté antes, pero estoy embarazada, y no sé si el perro pudo interpretar ese gesto como una amenaza hacia mí.
Por desgracia, la mordida fue grave, provocando un desgarro importante. Mis padres bajaron rápidamente y llevaron al pequeño al hospital, donde fue tratado con puntos externos e internos.
Mientras mi madre lo llevaba, yo fui a avisar a mi hermana con la intención de ir juntas al hospital. No me esperó, y para cuando llegué, ella ya estaba allí. Yo llegué unos 10 minutos más tarde con mi pareja y esperé a que salieran junto con mi madre. Por suerte, no se había dañado ningún músculo ni estructura importante, y mi sobrino estaba bien, dentro del susto.
El perro, por seguridad y por petición de mi familia, fue trasladado inmediatamente a casa de mis suegros, que siempre nos han apoyado. A partir de ahí comenzó el calvario: mi familia me exigió el sacrificio del animal, que para ellos era la única solución viable. Yo soy muy amante de los animales y esa opción va completamente en contra de mis principios.
Mi negativa ha derivado en un conflicto familiar. Me han acusado de querer más a mi perro que a mi sobrino. Me sentí devastada al oír eso. Incluso se me llegó a amenazar con poner una denuncia si no sacrificaba al perro. Pero si accedía a hacerlo, no la pondrían. Es decir: una denuncia “condicionada”.
En cuanto al perro, no me quedé quieta. El mismo sábado llamé al veterinario, le conté lo sucedido, me derivó a una etóloga y comenzamos la cuarentena y el protocolo post-mordida.
Una semana después conseguí cita con la especialista. Mi hermana me impuso que quería estar presente. No me opuse. Fui lo más clara posible durante la evaluación. La profesional me ofreció varias alternativas a la eutanasia y, por supuesto, elegí una que no dañara a nadie: sacar al perro de casa, medicación, seguimiento profesional… Eso desató el enfado de mi hermana. Le dijo a la etóloga que si fuera su hijo, ella no dudaría en sacrificar al perro. Salió de allí rabiosa.
Luego convocó una reunión familiar en la que expresó su opinión. Dijo que el dolor de su hijo no quedaría impune. Pero no mencionó nada sobre una denuncia.
Pasó un mes. Seguimos estrictamente el protocolo que nos indicó la especialista. Pensamos que el conflicto se había calmado. Pero no.
Hace unos días me llegó una citación: he sido llamada a declarar como investigada por un delito de lesiones en el ámbito de la violencia doméstica. Estoy en shock. Rota.
Puedo entender —aunque no compartiría— una denuncia por lesiones. Pero… ¿violencia doméstica? Esto me puede marcar de por vida. Todo por no sacrificar a un animal. Todo por un accidente.
Quiero aclarar que he estado pendiente de mi sobrino desde el primer momento: he preguntado cómo se encontraba a diario, he acudido a curas, me he ofrecido a pagar apósitos y material médico. No me he desentendido en ningún momento. Di en el hospital todos los datos del perro: seguro, licencia, chip…
No sé cómo lo veréis vosotras. ¿He actuado tan mal? Tengo la citación para enero y no sé qué esperar. Solo sé que he intentado cuidar a todos los miembros de mi familia. Porque sí, mi perro también es parte de mi familia.
Siento la chapa. Necesitaba desahogarme.
Muchísimas gracias por leerme.
