Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Chicas, hoy me he convertido en la persona tóxica de la que siempre he renegado y me he prometido que nunca sería. Va drama en tres, dos, uno…
Resulta que mi Nino ha decidido que otra Noe calienta mejor su cama. Más concisamente, su compañera de trabajo, con la que comparto nombre, historia melodramática y pelazo.
No hace aún ni un mes que he descubierto (cual loca del *ño) que aquí, el hasta entonces siempre éticamente perfecto, ligotea por Instagram con la susodicha. Y lo he hecho fisgoneando su teléfono. En mi defensa, he de decir que nunca nos hemos ocultado la contraseña… hasta hoy… jajaja.
Hoy me he convertido en esa loca celosa que haría lo que fuera por tener acceso a unos datos que no me pertenecen, a unos sentimientos que me hieren y a un lenguaje sexual que me parte y me engancha a la vez. No sé si será el modo defensa, pero me he convertido en lo que siempre he renegado. La persona más tóxica del planeta de los unicornios.
Unas cinco o quince cervezas de más en el body, me han llevado a escupirle en la cara todo lo que jamás creí que podría salir de mi boca; con toda la ponzoña que guardo en el corazón y con el futuro en común que da tener dos hijas de a medias.
Mi Plan de Dominación Mundial era llevar esto de una manera inteligente, sobria y desde el respeto… pero hoy se lo he faltado, y mucho. Y no es que no se lo merezca, pero hoy estoy preocupada por mí, porque acabo de fallarme en todos los principios que tanto me ha costado construir. Me he destrozado como persona, como mujer y como buena madre.
Sé que ya no puedo enmendar nada, solo quiero salir de este atolladero mental en el que estoy metida y encontrar alguna especie de bálsamo que me haga sentir mejor porque hoy, Señoras, me duelo más yo que la traición de ese Señor.
