No volveré a seguir recomendaciones de ningún tipo porque lo que me ha pasado me ha destrozado. No soy una chica demasiado bonita, pero tengo un carácter agradable que atrae y sobre todo una melena preciosa que llama muchísimo la atención. Nunca me había teñido, pero quería darle unos reflejos o mechitas más claras para darle un toque más veraniego. Lo comenté en mi grupo de amigas y dos de ellas me recomendaron una peluquería que lleva bastantes años abierta en el centro de la ciudad.
Me armé de valor, fui allí y les expliqué el cambio que quería insistiéndoles en que quería que fuera algo muy sutil para que no me sintiera poco identificada conmigo misma. Incluso les llevé unas cuantas fotos de cosas similares que me gustaban y me dijeron que sin problema.
Como nunca me había hecho nada, no tenía ni idea de cómo funcionaba, así que no me extrañó que me dejaran durante mucho tiempo con el papel de plata puesto en la cabeza. Ya después de un montón de rato, viene la chica y cuando empieza a quitar el papel veo su cara de susto. Le pregunto y me dice que no me preocupe que eso ahora se matiza… ¡se matiza los cojones! Otras compañeras empiezan a cuchichear y yo poniendo me cada vez más nerviosa. Ella insistía en que tenía que esperar el resultado final y yo respire hondo y esperé. Cuando por fin acabó, pensé que me moría, las mechas eran de un naranja intenso, que no había forma de quitar ¡parecía Garfield!
Me puse a llorar allí mismo y le pedí una solución y me dijeron que el pelo estaba como quemado y que la solución era cortar la melena y poner un tinte sobre todo el pelo que quedara para tratar de taparlo lo máximo posible, y que ese tinte debía ser muy oscuro, porque si no se seguiría viendo.
Me fui llorando de allí y volví con mi madre indignada, pero no se responsabilizan absolutamente de nada, dicen que esas cosas pueden pasar y que ella lo único que puede hacer es no cobrarme la mierda que me han hecho (que solo faltaría!) y tratar de hacer el arreglo que me proponen gratis.
Mi madre dijo que no iba a dejar mi cabeza en sus manos de nuevo, así que nos fuimos a su peluquera de confianza que nos corroboró lo mismo que el anterior.
Como estaba muy nerviosa, no quería tomar decisiones. Llevo seis días encerrada en casa planteándome si debo seguir ese consejo pero tal y como estoy no me atrevo ni a salir a la calle.
