Buenos días.
Me gustaría compartir con vosotras una historia un poco peculiar que me lleva ocurriendo desde hace unos meses.
Hace relativamente poco adopté un perrito. Una chica dijo que no podía hacerse cargo de él, y yo me ofrecí para cuidarlo, ya que tenía muchas ganas de tener una mascota y siempre había querido adoptar.
Todo perfecto. Lo adopté con la condición de que ella pudiera verlo de vez en cuando, ya que no lo regalaba porque no lo quisiera, sino por motivos laborales que le impedían atenderlo como necesitaba.
Al principio, ningún problema. La chica venía a verlo de vez en cuando, yo se lo llevaba o quedábamos, y podía disfrutar un rato con él.
Pero con el paso de los meses, me empezó a pedir ver al perro cada vez más seguido. Entiendo que lo eche de menos, pero también creo que debe entender que ahora el perro es mío, y que a mí no siempre me viene bien quedar todas las semanas, e incluso varias veces por semana.
En su momento decidió que no podía hacerse cargo de él, y ahora siento que esto se está convirtiendo en su problema. Me da apuro decirle que no, pero me siento obligada a estar disponible cada vez que quiere verlo.
De verdad que entiendo cómo se siente, y me da pena, pero si tomó la decisión de no quedarse con el perro, fue por voluntad propia. No puede exigirme ahora que se lo lleve constantemente o que pueda quedar hasta dos o tres veces en la misma semana.
Hasta ahora he accedido a verla por buena voluntad, no por obligación. Y cuando alguna vez le he dicho que no podía, porque me ha sido verdaderamente imposible se ha molestado.
¿Creéis que debería hablar con ella?
Pronto voy a tener todavía menos tiempo para quedar, y me preocupa su reacción. Por un lado, tengo empatía y la comprendo, pero al mismo tiempo siento que estoy asumiendo un problema que no me corresponde.
Muchas gracias a todos.
