Mi historia comienza hace un año. Acabé hasta las trancas de mi follamigo (topicazo a full) y decidí dar una vuelca de tuerca a mi vida saliendo y conociendo gente nueva para a abrir horizontes. No buscaba nada, lo prometo, y creo que esa fue la base de porqué salió tan bien. Llevaba yendo varias semanas a un bar cuando él apareció. Ya lo habia visto otras veces, porque es componente de un grupo de mi ciudad, y lo había visto actuar. Yo estaba obcecada en mi follamigo, él en mi amiga, así que por ello comenzamos a coincidir. Un dia, cuatro meses más tarde él me acompañó a casa tras un concierto y algo hizo clic. Pero un clic enorme, de estas veces que te bajas del coche preguntándote qué coño acaba de pasar y porqué diablos tienes una sonrisa idiota en la cara.
Hablabamos por facebook, por WhatsApp, nos llamábamos y comenzamos a quedar. Aún guardo esas conversaciones en mi teléfono y da igual las veces que las lea y relea, siempre me hacen sonreír. En un mes estábamos saliendo.
No sé si alguna os ha pasado de creer que tras una relación de maltrato con hijos de por medio, no hay amor que sea ideal. Pero por circunstancias de la vida, yo tenía eso. Me considero afortunada de haberme sentido desde el minuto uno valorada, amada y respetada. Volví a sonreir con una autenticidad que sólo era luz, pero no esa luz imaginaria quea veces nos empecinamos en aparentar, sino la luz resplandeciente de una persona plenamente feliz y en su eje. Conocimos familia y amigos, conoció a mis hijos y yo a sus sobrinos. No habia peleas, y daba igual que el mundo se estuviera cayendo a pedazos mientras él estuviera a mi lado.
Pasaron los meses, y todo iba genial, tranquilo y en paz. Una paz que te hace sim0lemente gritar al mundo y soltar flores por las orejas. Me sentía invencible, segura, capaz de comerme el mundo aunque no tuviera estómago para ello, si él estaba a mi lado.
Cuando eres tan feliz, es como que te pones unas gafas multicolor, el problema viene cuando te las quitas y descubres que no es tan colorido como imaginabas. Reconozco que en parte fue mi responsabilidad, porque mi mundo no era tan multicolor y no quería (o sabía) darme cuenta.
Y un dia mis gafas cayeron a modo de bronca lonumental a raíz de un comentario mío sobre el divorcio de sus padres. Mea culpa, lo sé, pero eso me hizo darme cuenta de algo, y algo grave: mi chico maravilla tenía miedo de acabar como sus padres, y eso en resumidas cuentas estaba ligado a nuestra relación.
Una nunca está preparada para que su mundo comience a resquebrajarse. Ni siquiera para poder encontrarle una solución de inmediato. No sé ustedes, pero yo soy de las de parar, analizar y luego actuar. Al menos generalmente, pero esta vez me vi con 34 años teniendo una pataleta porque él quería que nos viéramos menos para poder estar solo en casa (casa de la que yo tenía llave y compartiamos los fines de semana). Fui irracional, lo sé, y me lo tomé en un primer momento fatal. Luego entendí que cada uno necesita un tiempo determinado consigo mismo, y que quiza ese tiempo que se dedicaba a él tras el trabajo y los conciertos, yo lo estaba usurpando con mi presencia. Decidí aceptar porque lo vi factible.
Y ahí llegó el muro. Un muro alto, enorme, llamado miedo. Algo en su forma de comportarse cuando yo no estaba me chirriaba y no sabía que era, pero ni él estaba bien ni yo tampoco.
Decidi entonces pedir un tiempo y pensar. Me fui un fin de semana sola, a la playa, a darle vueltas a la cabeza sobre qué estaba sucediendo, cual era ese monstruo que estaba impidiendo que una relación que marchaba bien estuviera decayendo. A mi vuelta lo único que sabía era que necesitábamos hablar, y así se lo hice saber, pero entonces él me pidió tiempo, y tal cual él respetó el mío lo hice yo.
Fueron los diez días mas agonizantes, horribles, e inseguros que recuerdo en años. El miedo a que me dejara me volvia irracional, arisca, y sumamente sensible. Intentaba encontrar una causa de lo que nos estaba pasando, un porqué, y me sentí sumamente culpable.
Ayer hablamos por fin. Y el resultado es que me dejó. Y a pesar de que debería odiarlo, de estar enfadada, de querer desterrarlo (y seria lo mas sencillo para pasar página) la verdad es que fue la ruptura mas triste y a la vez más bonita del mundo.
Nos queremos, nos amamos con locura, y no hay terceras personas, pero cuando empiezas una relación se trae mochila, y la suya pesa mucho, y no es otra cosa que el miedo de acabar como sus padres. Y si no puede darme ese 100 % que me merezco, ni el quiere seguir conmigo ni yo con el.
Va a ir a psico, va a sanar sus heridas, pero no quiere tenerme esperando, ni siquiera darme esperanzas. Quiere que haga mi vida sin él. Y lo entendí, claro que lo entendí. Todos tenemos monstruos debajo de la cama que hay que vencer y no podemos arrastrar a otros con nosotros, no podemos pretender que ellos sacrifiquen y sean salvadores de uno, cuando no siquiera uno mismo tiene las herramientas para hacerlo. Pero también hay una parte de mi, una parte enorme que cree que fue un cobarde, muy honesto, pero cobarde, porque no luchó por nosotros, se calló y decidió ocultar algo que le estaba haciendo daño. Y al final, lo único que me queda de bueno y de bonito es lo vivido y que yo estuve ahí al cien por cien.
No sé si volveremos. No sé si encontraré a alguien o lo hará él. Ahora mismo algo así es impensable en mi cabeza porque tengo roto el corazon, el alma. Él quiere estar en mi vida, yo quiero estar en la suya, quiere ver a mis hijos y seguir manteniendo el contacto, pero eso también es algo que se verá con el tiempo. Un tiempo que necesito y me merezco para sanst y aprender a vivir sin alguien que fue tanto en mi vida.
Solo necesitaba escribirlo porque estoy triste y me deshogo. Gracias por leerme.