Una de las realidades más nefastas y recalcitrantes que posee el entorno social, es sin duda la seguridad con la que pretenden venderte algún producto, con la premisa de incluir en su comercial para la televisión, a una chica delgada de tez fina y caderas bastante estrechas; se ha vuelto cliché cuando alguien te exacerba su verdad al decirte que la apariencia es lo que hace la presencia. Millones de canciones se han escrito en donde se describe a un tipo de mujer impuesta de forma casi global con las mismas características una y otra vez, amén de los videoclips con suficiente silicona implícita. A lo largo de los años, todos hemos sido víctimas subliminales del marketing y de lo que otra persona cree correcto, entiéndase con esto a las portadas de revistas semanales que inundan tu ciudad en donde abundan fotografías de chicas con cada vez menos ropa, tras la misma fórmula aplicada de sexismo plastificado. Sin mencionar que es menos habitual encontrar tiendas de ropa que cumplan la demanda de todo el colectivo, porque, si, menosprecian a una parte de la población creciente que a menudo es excluida por no cumplir los cánones con los que han sido diseñados los cerebros del mundo artificial. El cine no se salva de todo el plan (con contadas excepciones), mujeres delgadas aquí y mujeres delgadas allá son quienes protagonizan las películas más taquilleras de los últimos tiempos. El menosprecio por la mujer gorda es sin duda salvaje y dispara a quemarropa.
Muchos se han olvidado que lo fundamental es encomendar y/o atribuirles la misma oportunidad a todos por igual; esto ha degenerado la confianza de muchas chicas gordas que, en medio de toda esta guerra aspectiva, se aíslan del común de la sociedad, desembocando incluso en problemas de autoestima que detienen el crecimiento personal de cualquier persona. Mucho es el daño que se hace diariamente en colegios, chicas que sufren burlas constantes por su condición de sobrepeso, y padres que vilipendian a sus propias hijas, aumentando así el sufrimiento y la “desdicha” por no ser delgadas. El menosprecio por las chicas gordas va creciendo incontrolablemente y mientras lees este artículo, seguramente hay alguien llorando por culpa de algún marginal igual de imperfecto.
Afortunadamente es agradable referenciar personas que luchan en contra de esta discriminación por sus diferentes tribunas, bien sea aquí en internet (principal fuente democrática de contenido) o si es posible alguna columna semanal en medios impresos. Tal es el caso de Jennifer Barreto Leyva, que además de ser una top model plus zide muy reconocida, es pionera activista por el derecho de la igualdad hacia chicas que sufren discriminación aspectiva. A su vez vale la pena reconocer el esfuerzo de muchas mujeres de talla grande que han impuesto su talento de diversas maneras en diferentes ámbitos culturales y artísticos. Podríamos mencionar mujeres como Melissa Mccarthy, reconocidísima actriz de comedia, ganadora del premio Emmy. Beth Ditto, controversial cantautora estadounidense, quien además se manifiesta feminista y ha hecho comentarios favorables hacia los derechos de GLBT o Queen Latifah, que ha realizado la mayor parte de su carrera siendo una mujer de tallas grandes y ha triunfado tanto en el cine como en la música y su estética rap.
Esto demuestra que para ser reconocida y capaz, no se necesita seguir los cánones de belleza que se venden actualmente como la panacea hacia una mujer que en términos generales solo necesita ser ella misma. Es importante tomar en cuenta que mientras se cierran algunas puertas, otras también luchan por mantenerse abiertas con la determinación de mujeres reconocidas quienes jamás se opacaron mediante el rechazo. El error de menospreciar a una mujer por sus tallas es lo mismo que creer que todas las chicas delgadas son felices.