Tengo una amiga desde mi adolescencia y es muy buena chica, pero es una persona que, con casi 30 años, sigue en casa. Solo trabaja horas puntuales durante la semana y ya va cansada. Dice que no encuentra trabajo de lo que ha estudiado porque su carrera tiene pocas salidas, pero tampoco quiere trabajar de otra cosa porque dice que no le hace falta.
Vivimos en un pueblo y no se ha sacado el carné de conducir porque le da miedo, así que depende mucho de mí, de su familia y del transporte público, que últimamente está fallando. Aunque a mí no me afecte directamente, todo esto me genera rechazo. Yo siempre he trabajado en todo lo que he podido y nunca he parado.
Además, su familia tiene poco dinero y yo pienso que, aunque ellos no se lo digan, ella es una carga para sus padres. Me siento mala persona y mala amiga por pensar así, pero cada vez ese rechazo va a más.
También se han ido juntando otras cosas. Por ejemplo, en fin de año, entre comillas, me dejó sola. No fue exactamente así, pero ella tenía una cena con sus amigas y ese año la anfitriona le pidió que fuera sola, así que fue sola. Me enteré con muy poca antelación y porque se lo pregunté yo para saber cuál era el plan.
Y luego, por mi cumpleaños, la idea era pasar el fin de semana en la playa. El día antes, si nos teníamos que ir a las diez, me escribió el día 9 a las nueve de la mañana, es decir, una hora antes de irnos, para decirme que no venía porque se encontraba mal.
Además, dos semanas después me escribió para quedar y darme mi regalo de cumpleaños, pero yo le puse una excusa porque, en el fondo, no me apetecía verla. Siento que ya no es como antes: me da pereza, me aburro y no me nace quedar con ella.
Y, aun así, me siento culpable y mala amiga por todo esto, porque es una amiga de toda la vida.
