Estoy muy mal, chicas. Con estas últimas borrascas, mi casa se ha inundado; tengo todo prácticamente para tirarlo. Ha venido una riada y me ha afectado a todo lo que es la planta baja y ahora, al dar parte al seguro, me están poniendo un millón de problemas para arreglármelo; vamos, la historia de siempre.
Pero lo peor que llevo no es esto, porque sé que con paciencia y esfuerzo las cosas se van a solucionar y voy a volver a tener en mi casa… Lo peor es que ni uno solo de mis amigos se ha ofrecido para ayudarme con el desastre que he tenido montado; tan solo mi familia y mis hermanos y, por supuesto, mi marido, que es el que vive conmigo.
Durante toda mi vida he sido yo la que ha estado detrás de mis amigos de cara a organizar fiestas, preparar sorpresas y, por supuesto, si a alguno le ha hecho falta algo, yo he sido la primera en ofrecerme; y ahora, que es cuando yo he necesitado ayuda, no he notado ni un solo mensaje para venir a arrimar el hombro. Tan solo se preocuparon un día, y algunos de ellos, en saber cómo estaba, pero no han sido en ningún momento capaces de decirme: «Oye, si necesitas algo, aquí estamos».
Me ha hecho sentir bastante mal y me ha hecho darme cuenta de que estoy más sola de lo que yo creía y que, a la hora de la verdad, ninguno de los que yo consideraba amigos ha movido un dedo, tan siquiera por preguntarme cómo estaba llevando el tema de la inundación y mucho menos para arremangarse y echar una mano en mi casa.
Escribo esto un poco para desahogarme y para que me contéis vuestra experiencia con estas cosas: si vuestros amigos os han ayudado en medio de un problema de verdad y, si no lo han hecho, cómo os habéis sentido y qué decisión habéis tomado con respecto a vuestra vida personal.
Gracias de antemano por todo.
