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Mi casi-algo ha vuelto con su ex y me ha hecho quedar como la mala
Voy a ser sincera: ligo mucho y me encanta. Tengo una personalidad muy extrovertida, hablo hasta con las macetas, hago reír a todo el mundo y (cuando la ocasión lo merece) disfruto de un buen flirteo picarón. Si a esto le sumas que soy lo que se dice “mona”, pues ligo bastante. Y me parece estupendo. No hay nada como conocer a alguien nuevo, ese je ne sais quoi de cuando os lanzáis indirectas y no sabes bien si el otro va en serio y el momento en el que, agarrada a las sábanas y con las piernas por encima de la cabeza, dices: “Vaya, pues sí que iba en serio”. Vivo mi sexualidad al máximo y creo que es una manera maravillosa de relacionarse con otras personas, pero ojo: no soy de piedra. Cuando quiero solo un rollete, lo digo, y cuando no también.
Soy de las que piensa que si no te da apuro comerme el coño, tampoco te lo tiene que dar mover la boquita para hablar de sentimientos (lógico, ¿no?). Pero parece que hay personas que solo saben expresar lo que sienten cuando es color de rosa y huyen en cuanto la complejidad entra en el chat. Hace un par de meses estaba conociendo a un chico, Manu. Un pivonazo, gracioso, artista. Vamos, que me recordaba mucho a mí y me volvía loca. Manu había salido hace poco de una relación muy larga y no quería meterse en algo serio. A mí me pareció totalmente comprensible y agradecí la sinceridad. Así que estaba clara la cosa: un rollete con mucha química. Tanta que a veces resultaba confuso.
Él decía que no quería nada, pero pasamos todo el mes de diciembre viéndonos cada día. Como si fuera un calendario de adviento de posturas xxxx y conversaciones eternas. Chicas, yo me empecé a pillar. Pero fueron sonar las campanadas y no verle más. No sé si me atraganté más con las uvas o con la foto que subió a Instagram a la semana de no cogerme las llamadas ni responderme a los mensajes.
Un post bien sonriente frente al espejo del salón con su ex. ¿Perdona? Una cosa es que no quieras nada serio y otra que a la primera de cambio hagas como si no existo y vuelvas a abrir un vínculo tan importante como ese sin decirme ni mu. Estaba que echaba ascuas.
No sé qué me jodía más, si que se las diera de tío sincero y buenrollero o imaginarme que había estado intentando recuperar a su ex mientras a mí me decía lo bien que le hacía sentir y la rabia que le daba no estar preparado para abrir su corazón de nuevo. Así que, en parte porque la chica supiera lo que había y en parte para joder a Manu (no vamos a mentir), le dejé un regalito de Año Nuevo a su (ya no tan) ex: una foto de un visionado en su bandeja de MD de mí con la camiseta favorita de su novio, “Dile que cuando quiera la recoja».
Y adivina adivinanza: me llevé un bloqueo instantáneo y un tochaco de texto de mi querido Manu (¿ahora sí respondes?) diciendo que si intentaba joderle la relación, que nunca había estado con las dos a la vez y que menuda manera de meterme donde no me llaman. Perdona, es cierto, no has estado con las dos a la vez, te has esperado toda una semana de rigor. Seguro que ni siquiera has lavado las sábanas antes de cambiar de pareja y le dices que es un perfume de cama del Zara Home.
En fin, yo sé que no estuvo bien hacérselo saber a la (ex) novia de esta manera, pero sinceramente, yo también estoy dolida. Quería desfogarme y quería que ella también supiera cómo es. El malo es el que falla a su compromiso, no la que lo hace público, ¿verdad?
Lo más gracioso de todo es que ellos siguen juntos. Cada uno que tome sus decisiones, no te digo yo que no, pero me pregunto si aún notarán mi presencia en su sofá, en su cocina, en su cama. Como si hubiera dejado un fantasma impregnado de pasión y rabia para que se hagan un trío triste con él.
