Trabajo en el Departamento de Ventas de una empresa relativamente importante. De tamaño y de posicionamiento empresarial.
Desde hace unos cinco años, tenemos directiva nueva, pues el gerente anterior se jubiló y el nuevo gerente cambió a toda la cúpula, alegando motivos de confianza.
Desde que tenemos la nueva directiva, la verdad es que la cosa va un poco menos bien que antes. Están muy centrados en la imagen y el partenariado, y en captar talento de fuera, pero al talento de dentro lo están dejando escapar, porque nos tratan regular. Tenemos una pequeña crisis económica y la están intentando paliar con algún que otro despido y poniendo límite a ciertos gastos, como el de folios o el jabón de manos de los baños. En fin…Al menos, tenemos suerte, porque nuestro jefe de departamento es bastante agradable y defiende nuestro trabajo ante las altas instancias.
Mi departamento ya ha sufrido dos bajas por estrés más una jubilación. Y al final, se apiadaron de nosotros y han contratado, temporalmente, a una chica muy mona y con muchas ganas de trabajar. Y oye, nos ha ido fantástica su ayuda. Es voluntariosa, aprende rápido y no se queja por el volumen de trabajo ingente al que nos enfrentamos casi a diario.
Y encima es alegre. Qué más se puede pedir.
Pues esta chica es muy activa en Instagram y Tiktok y tiene perfil abierto en ambas redes sociales. Con el café de los lunes, nos explica sus aventuras del fin de semana y nos enseña las miles de fotos que ha hecho. No para, la colega. Y en el fondo, nos da un poquito de envidia sana, tan joven y con tanta vida social.
En verano, su actividad se incrementa exponencialmente. Tiene planes casi cada día. Y a veces necesita un par de cafés de más para enfrentar la jornada laboral con un mínimo de dignidad. Pero que conste que su efectividad y buen hacer en ningún momento se han visto comprometidos. Así que, nada que reprocharle.
Hoy tenemos una importante reunión de Ventas. La evaluación semestral. Nuestro jefe nos ha reunido a todo el departamento para que hagamos una valoración conjunta y decidamos entre todos la estrategia a seguir para los siguientes seis meses.
Como nuestra instagramer favorita ayer salió y no volvió hasta tarde, el madrugón le ha resultado un poco doloroso, porque el cuerpo no tolera tanto tiempo sin descanso. Y la situación se le está agravando porque tenemos que realizar esta actividad que nos exige mucha concentración.
Aunque ella le ha quitado hierro al asunto, porque tiene unas técnicas infalibles (eso dice) para lograr combatir el sueño en el trabajo. Ayer cenó ligero y sin picante. Y no bebió alcohol en exceso. A ver, alguna que otra cerveza cayó, pero no en exceso. Ha subido y bajado las escaleras de todo el edificio un par de veces (ocho plantas), porque dice que el ejercicio es importante. Y hoy ya lleva tres cafés.
Entramos en la sala de reuniones y primero nuestro jefe nos hace una presentación. Mi compi, sentada a mi lado, ha empezado a dar algún que otro cabezazo, que yo intento contrarrestar con algún codazo suave.
Hasta que mi jefe abre las luces, después de la presentación, y veo que la colega está completamente dormida. Incluso emite un leve ronquido. Intento taparla con mi cuerpo, mientras pruebo a llegar a darle una patada por debajo de la mesa. Pero no lo consigo. Mi jefe se acerca, la ve y pide silencio con un dedo en los labios. Nadie dice nada. Nos pide en voz baja que vayamos a la otra sala, para continuar con la reunión. Ella ni se inmuta.
Acabada la reunión, mi jefe nos hace volver y nos pide que aplaudamos. De repente, la bella durmiente se yergue y empieza a aplaudir. No podemos evitar reírnos y ella, mientras parpadea fuera de lugar, comienza a entender qué ha pasado. Y su cara se pone roja como un pimiento.
Bueno, después de repartir las tareas que se han derivado de la reunión de hoy, a ti te hemos asignado el informe de conclusiones. Como en el tiempo de ruegos y preguntas, no ha surgido ninguna duda, no deberías tener ningún problema, ¿verdad?
Después del momento de vergüenza, con mucha voluntad, se ha ido reuniendo con todos los asistentes, ha pedido informes y ha sacado un resumen de conclusiones muy digno y completo. No parece que se haya dormido.
Mi jefe, que en el fondo es buen hombre, aunque con un sentido del humor un poco retorcido, no le ha montado ningún pollo. Pero ha hablado con la directiva y ha propuesto que, como método de motivación, cada mes se va a proponer al empleado estrella de cada departamento. Y como prueba pìloto, ha propuesto a nuestro departamento. Adivina de quién es la foto que cuelga en el hall de la empresa. Incluso un día la directiva en pleno bajó a felicitarla por ese nombramiento. Y ella no sabía dónde meterse (ante el recochineo de mi jefe).
Y tiene que aguantar algún troleo que otro de vez en cuando, pero la pobre se lo toma con mucho humor. Ha recibido algún que otro paquete interno. Una vez había dentro una caja de Dormidina. Y otro con una figurita de una oveja.
Un día que bajó la cabeza y se puso la frente entre las manos para concentrarse, mi jefe pasó por el lado y dijo en voz alta: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén, dándole un buen susto.
También la ha propuesto como voluntaria para el programa de yoga de Salud Laboral para combatir el estrés laboral y conseguir relajarnos. Y ahora nos tiene que dar clase ella.
Y también ahora es la responsable del mantenimiento de la cafetera del departamento, para que todos estemos activos y al cien por cien.
Supongo que en un tiempo, a mi jefe se le pasará este cachondeito que se trae. O igual, no. Porque total, le quedan menos de dos años para prejubilarse.
Ella lo tiene asumido y lo lleva con total dignidad. Al fin y al cabo, no puede negar que se durmió. Eso sí, no ha vuelto a pasar. Ni a ella ni a nadie de todo el departamento. Por si acaso. No queremos ver nuestra foto en el hall.
