Supongo que no hay mucho que aconsejar respecto a lo que voy a contaros, supongo que únicamente busco desahogarme. El 19 de noviembre es mi cumpleaños y estoy muy triste, tanto que me cuesta hasta dormir por las noches.
Si pudiera hacer que mi familia y mi pareja olvidaran este día, lo haría. Y es que a mí siempre me ha encantado celebrar tanto mi cumpleaños como los de mis seres queridos, de hecho siempre he sido de las primeras a la hora de organizar una fiesta sorpresa o buscar el mejor regalo. Hace ya años tenía un grupo de amigos bastante grande que »compartía» con mi novio de aquel entonces, y sí, por aquella época tuve un par de cumpleaños buenos. Sin embargo, a raíz de cortar con mi ex y de ir entrando en la etapa adulta, ese grupo grande empezó a disgregarse en otros más pequeños y yo me quedé fuera de todos.
Sigo conservando amistades, por supuesto, pero…cada año estoy más sola en mi cumpleaños. Tengo amigos que llevan muchos años sin acudir y me dan plantón sin avisar siquiera, aunque les haya tenido en cuenta para elegir lugar y día. Tengo amigos a quienes se les olvida, literalmente. En los últimos años he invitado a amigos de mi pareja actual y he acabado harta de que para ellos mi cumpleaños sea una excusa para hincharse a comer gratis mientras me regalan una postal de estanco cuando tienen dinero para enterrarnos a mí y a toda mi familia (y entendedme, a mí el regalo me da igual, me refiero a la actitud de ir a un sitio a cenar e hincharse a pedir sin preguntarme siquiera cuando si saben que tienen que pagar algo ellos van con cuentagotas).

Pero lo que más triste me pone es lo que ocurrió el año pasado: unos días antes de mi cumpleaños me encontré a una cachorra abandonada. Yo estaba atravesando por un mal momento, me acababan de despedir del trabajo y estaba fatal anímicamente, y puedo decir que ese animal me ayudó mucho. Yo no pensaba quedármela, mi condición cuando la llevé a la policía local y vieron que no tenía chip fue que me la quedaría una semana hasta que aparecieran los dueños, y si no aparecían la daría en adopción.
La cosa es que el día antes de mi cumpleaños y sin haber decidido aún nada, mi novio empezó a comportarse raro conmigo, a aplicarme la ley del silencio y a responder con monosílabos cuando le preguntaba. Me dijo que teníamos que hablar, pero que mejor después de mi cumpleaños para no fastidiármelo. A esas alturas lógicamente ya me lo había fastidiado y le exigí que me dijera qué coño le pasaba, que si no iba a estar con ansiedad y lo iba a pasar fatal, a lo que me echó en cara que yo había decidido quedarme a la perra sin contar con él, que siempre hago lo mismo y que temía que si me decía que no era el mejor momento y que era mejor darla le mandase a la mierda.
A mí me dio un ataque de ansiedad, sentí que me iba a morir en aquel momento por todo: por la perra, por pensar que me iba a dejar, por sentir que me quería tampoco que elegía causarme un daño tan grande el día antes de mi cumpleaños. Cuando me vio así él se echó a llorar también y me dijo que nos amaba a la perra y a mí, y que él tampoco quería separarse de ella, pero que mejor lo hablásemos con más calma cuando pasase mi cumple. Desde entonces ha pasado un año maravilloso durante el que hemos estado más unidos que nunca él, mi perra y yo. Pero se acerca mi cumpleaños y se me junta todo: el saber que a mí nadie me va a montar una fiesta sorpresa, el haber decidido no celebrarlo para evitar el mal rato de volver a verme sola, el sentir que no importo, que cada una de mis decisiones es una carga para los demás, que soy tan prescindible que aun invitando expresamente a la gente se les asistir…
Sé que es una tontería, pero realmente me siento muy triste y me está afectando mucho.
Gracias por leerme.