Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Conocí a mi ex porque era uno de los clientes donde trabajaba yo. Al momento creí que la química que tenía con él era increíble. Tenía diez años más que yo y pensé que quizás por eso teníamos esa conexión, encontraba su forma de pensar atractiva y madura. Había tenido parejas antes, había estado enamorada y habían sido relaciones largas y estables. Pero con él fue diferente… al principio.
Un día bromeó conmigo, al otro día me pidió tomar un café, y un día hicimos una apuesta y acabamos un fin de semana juntos en la nieve. Estuvimos tres años juntos y al cuarto me pidió que me casara con él. Más que pedírmelo fue una especie de conversación de acuerdo.
Queríamos una vida en común y había cosas que parecían más sencillas con los papeles de la boda en firme. La verdad es que ahora que lo pienso me parece una idea pésima para elegir casarme. Pero la cosa es que así lo hicimos.
Por otro lado mi hermana y yo nunca hemos sido muy cercanas, nos llevamos casi 8 años, soy la mayor y supongo que eso no ayudó, pero desde que empecé a salir con mi ex marido nuestra relación cambió. Empezamos a llevarnos mejor, empezó a venir a cenar a casa, incluso mi ex marido le dijo que se viniera conmigo en verano unos días, así no me sentía sola mientras él trabajaba. Así con el tiempo los tres formamos una especie de grupo. Ellos dos se llevaban genial, tenían cosas en común y yo estaba encantada de poder estar con los dos. Fue genial tener a mi pareja y a mi hermana a mi lado.
Al poco de casarnos, nuestra relación se fue a pique, parecía que nuestros objetivos en la vida de repente ya no eran los mismos. Parecía que yo no lo hacía bien y que si alguien debía esforzarse debía ser yo.
Cuando todo empezó a ir mal mi marido llamó a mi hermana para decirle lo mal que estábamos, cada vez que discutimos hablaba con ella. Y claro, ella me llamaba a mi para recriminarme lo mal que estaba haciendo las cosas. Era yo la mala por lo visto, porque por supuesto él al ser mayor que yo era mucho más maduro y estable.

Sin embargo era yo quien se preocupaba por hablar las cosas, la que se esforzaba en buscar una solución, en comunicarse. La que cedía y se adaptaba. La que no se enfadaba durante dos días porque no había podido quedar con sus amigos por estar el otro enfermo. La que lo defendía de los comentarios de la familia cuando lo llamaban vago por conformarse con una trabajo mediocre a media jornada mientras yo hacía horas extra. Al final no pude más. La gota que colmó el vaso fue cuando a mi madre le diagnosticaron una enfermedad y le pedí apoyo, un abrazo, consuelo. Y me lo negó delante de su familia porque qué iban a pensar.
Al día siguiente le pedí el divorcio y al día siguiente me llamó mi hermana diciéndome lo equivocada que estaba y lo impulsiva e infantil que era. Me fui de allí a la semana y al mes le había pedido el divorcio. No lo odiaba, pero estaba claro que sus prioridades y las mías no eran compatibles. Rehíce mi vida, a mi hermana la veía en Navidad y poco más. Volvimos otra vez a la relación del principio.
Hace poco mi actual pareja me pidió que me casara con él. Y lo comuniqué feliz a la familia. Mi hermana me habló por whatsapp diciéndome que siempre había querido llamar la atención y que ahora que ella se casaba también yo tenía que hacerlo porque claro… No podía estar sin ser el centro de todo.
Os imagináis mi cara cuando me dijo que se casaba, ignoraba que estuviera con nadie. Pero no me preocupé por sus ataques, hacía tiempo que me daban igual. Hasta que me llamó mi madre histérica y preocupada preguntándome si sabía que mi hermana se iba a casar con mi ex marido. Que llevaban tiempo juntos y que querían casarse.
Le dije la verdad, que no tenía ni idea. Le dije que ellos se habían llevado bien y listo. Esperando que dejara ahí la conversación. Pero no… Tuve que consolar a mi madre, e interceder entre mi hermana y mi familia porque nadie quiere ver a mi ex marido de nuevo en la familia. Mi madre le ha dicho que no quiere ir a la boda desde que pasó lo que pasó con su enfermedad y él me dio la espalda. Y yo me cansé de defender a mi hermana no se de que.
Por supuesto para ella yo soy la mala, la manipuladora, la inmadura y egoísta. Por suerte para la familia nadie piensa cómo ella. Me invitó a la boda, aun así, no voy a ir. No es por mal, les deseo lo mejor del mundo. Pero creo que ya he tenido suficiente que aguantar a mi ex marido y a mi hermana.
Ahora que se aguanten entre ellos.