Creo que la historia de mi madre es importante y digna de mención en este foro. Una mujer de 63 años que ha pasado durante muchas décadas por las manos de un hombre, ese señor que decía ser mi padre, que la maltrataba psicológicamente y que la tenía a su merced como si mi madre fuese una mierda completa.
A los 16 años yo me fui corriendo de casa porque me negaba a que ese señor fuese el dueño y señor de mi vida, le pedí mil veces a mi madre que me acompañase pero no fui capaz de convencerla. Fui a la policía en más de una ocasión pero mis denuncias no llegaban a nada porque era mi palabra contra la de mi padre. Él es un señor tremendamente listo, tiene un buen puesto en una empresa y sabe dónde y de qué manera hacer daño mientras de cara a la galería continúa siendo un hombre encantador que no haría daño ni a una mosca.
Mi madre llevaba con él desde sus 14 años. Él la convenció para que dejara los estudios, fue él quien la separó de su familia y amigos vendiéndole mentiras y motos. Él es el que se pega viajes increíbles con sus compañeros de trabajo mientras mi madre vive del supermercado a casa y de casa al supermercado, siempre atenta a las solicitudes de ese señor. Y como se saliese de ese itinerario venían los reproches, los comentarios desagradables, los insultos… Todo.
Estuve en contacto con mi madre durante estos diez años gracias a una amiga mía que trabaja en el supermercado del barrio. Mi padre me amenazó y me prohibió acercarme siquiera a su casa, de hecho lo hizo como dándome a entender que mi madre todavía estaba bajo su techo y que tuviese mucho cuidado. Ese señor es como el diablo. A través de mi amiga nos hacíamos llegar cartas porque por supuesto mi madre no tiene teléfono móvil. El fijo de casa tampoco funciona y no hay ni ordenador. Mi madre se pasaba sola en casa más de 9 horas del día, limpiando, cocinando, recogiendo, poniendo lavadoras o viendo la televisión (sin plataformas ni aplicaciones raras). Una maldita cárcel.

He ido viendo cómo mi madre poco a poco ha empezado a comprender que aquello que ella se creía que era amor no es más que un secuestro perpetrado por ese señor. Me ha costado mucho mantenerme fuerte y he pasado mucho miedo ante la posibilidad de que mi padre pudiese encontrar mis cartas y le hiciese algo malo a mi madre. Mi sorpresa llegó cuando en la última carta de mi madre pude leer sus palabras pidiéndome ayuda, dándome a entender que había llegado el momento de decir hasta aquí y que quería huir de aquella casa. Yo llevo ya algunos años compartiendo piso con mi mejor amiga y en cuanto le leí las palabras de mi madre ella misma me lo dijo ‘vamos a por ella pero ya’.
Respondí esa misma tarde y estuve varios días nerviosa. Quedé en que en cuanto leyese esa carta, yo lo sabría porque mi amiga la del súper me avisaría del día que se la entregaría, me presentaría en su casa a primera hora (mientras mi padre estaba trabajando) y entre mi mejor amiga y yo nos llevaríamos todo lo necesario. Hasta entonces no había sido capaz de acercarme a aquella casa como os digo mi madre estaba aterrada por la posibilidad de que mi padre se enterase de mi visita. Eso no es vida ni es nada.
Aparecimos allí a primera hora. En cuanto vi a mi madre pude ver en su cara el alivio que sintió al tenerme frente a ella. Nos abrazamos durante unos segundos, lloré y no era capaz de soltarla. Mamá ya había empaquetado rápidamente su ropa y solo le pedí que recogiese todos aquellos recuerdos que quisiese, que no se dejase nada. Tomó una caja en la que ya había guardado fotografías, cajas con pequeñas joyas y por supuesto mis cartas. Después me pidió unos segundos y escribió en una hoja en blanco en letras mayúsculas: NO ME BUSQUES PORQUE IRÉ A COMISARÍA SIN DUDARLO, ME HAS ARRUINADO LA VIDA.
Lo pegó en la nevera, su pulso temblaba muchísimo. Mi madre había perdido mucho peso desde la última vez que la había visto. Empecé a impacientarme y le pedía que nos fuésemos cuanto antes, mi padre solía visitar a mi madre alguna mañana en su tiempo de descanso, por aquello de pasar revista.
Justo cuando estábamos saliendo vi como mi madre se giraba y miraba con ternura aquella casa. No pude ni hacerme una idea de todo lo que debía haber pasado por su cabeza en aquel momento. Mi amiga llevaba una maleta, yo cargaba con la caja de recuerdos y mi madre sostenía algunas bolsas con zapatos. Nos cruzamos con una de las vecinas que quiso saber a dónde nos íbamos. Solo saludamos y empecé a tirar de mi madre para que no se parase con nadie. No había tiempo.
Montamos en el coche y al alejarnos de aquel edificio de alguna forma sentí cómo mi madre se veía ya a salvo. Volvimos a abrazarnos y empezamos a llorar. Lo habíamos hecho. Entre mi mejor amiga y yo reorganizamos una de las habitaciones de nuestra casa que hasta entonces habíamos utilizado como cuarto de los trastos y la hemos convertido en el dormitorio más bonito para mi madre. Ella ahora mismo no tiene nada, y todavía está tomando las riendas de su vida, decidiendo si va a denunciar a ese señor. Nosotras la animamos por completo a que lo haga, ese hombre debe pagar por todo lo que le ha hecho pasar a mi madre todo este tiempo, pero ella todavía vive aterrada por volver a encontrárselo. Todavía no es capaz de salir sola a la calle o a utilizar su teléfono móvil sin sentirse culpable. Es horrible lo que este tipo de gentuza puede provocar sobre los demás.
Por ahora lo importante es que mi madre está conmigo, que la veo sonreír como nunca, que bromea conmigo y que poco a poco está retomando la relación con esa familia a la que tuvo que dejar de lado por culpa de ese señor. El tiempo sanará y espero que la justicia pueda actuar.