Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
El año pasado mi marido se quedó en el paro. Llevaba trabajando 6 años en esa empresa y lo echaron porque reducían plantilla. Al principio, estuvo muy afectado, se encerraba en su habitación, no tenía ganas de salir y se pasaba el día durmiendo.
Entendí su comportamiento ya que fue un palo para todos, a parte de que, sólo con mi sueldo, nos llega justo y lo que cobra del paro no es gran cosa. Pero ya ha pasado un tiempo prudencial y, desde que no trabaja, parece que menos ganas tiene de hacerlo.
Le he dicho mil veces que se haga un currículum, que vaya a empresas a llevarlo, que yo le acompaño. También le he dicho que estudie algo que le motive o le guste, pero nada de eso ha pasado. Se pasa el día en casa en pijama, jugando al ordenador, saliendo a correr o de cervezas con los amigos.
Al principio pensé que un tiempo libre no le viene mal a nadie, pero ya ha pasado un año, yo me deslomo a trabajar para que nos llegue para todo y a él parece que se la suda todo por completo. Ya hemos tenido varias discusiones al respecto y él no deja de decir que le estoy agobiando y que así no le ayudo.
Si al menos se encargase de las cosas de la casa, pero es que hasta eso me toca hacerlo a mí. Le quiero mucho y llevamos 5 años casados, pero estoy planteándome, seriamente, el divorcio, si la cosa sigue así.
