Hola, chicas:
Antes de nada, perdonad el tocho. Os cuento. Llevo con mi novio tres años y, los dos primeros, fueron increíbles. Vivíamos en ciudades distintas, pero cercanas, y nos organizábamos siempre bien para vernos todas las semanas e incluso pasar unos días juntos en su piso. Yo estoy estudiando una oposición, así que mientras él trabajaba, yo podía estar con la opo tranquilamente. En los periodos de más convivencia sí tuvimos alguna rencilla por hacer las cosas de la casa, porque él es mucho más pasota que yo, pero al final lo arreglábamos y nos repartíamos las tareas más o menos equitativamente.
Desde que cambió de trabajo hace un año, está irreconocible. Al igual que con el anterior, trabaja a turnos, pero en este tiene además jornadas intensivas de 12 y 12 horas en fin de semana que le matan. El ambiente laboral, en general, es terrible y está muy muy quemado. Lo peor son sus jefes y la carga de trabajo. Nunca sale a su hora.
Yo he sido muy comprensiva, creo. Entiendo que con el desajuste horario y demás esté cansado y tenga que dormir más. Este último año ha vuelto a vivir con sus padres para ahorrar (yo también estoy con los míos), así que, a todo lo que voy a contar, se suma que la forma de vernos ha sido un poco adolescente. He ido a su casa muchas veces solo para estudiar en su escritorio mientras él dormía y él ha venido a la mía otras tantas para dormir en la cama mientras yo también estudiaba. Si necesitaba descansar, no podía salir del cuarto, pues estaban sus padres en la casa, pero bueno, me adaptaba. Me he ajustado a sus horarios imposibles para vernos, para pasar tiempo juntos. El problema es que últimamente solo hacemos eso: quedar para que él duerma.

Puedo entenderlo cuando tiene jornadas nocturnas o esos turnos intensivos, pero es que es TODO EL TIEMPO, haya trabajado ese día o el día anterior (comprensible) o no. Después de un turno intensivo tiene una semana libre y, cuando tiene noches, también libra después algún día más de los que le tocaría. El colmo fue el día de mi cumpleaños, que coincidía con la primera de dos semanas y media de vacaciones que les habían dado; es decir, que no había estado trabajando desde hacía un tiempo.
Quedamos el día anterior, que pasó durmiendo toda la tarde hasta la hora de cenar, que sí salimos. Se encontraba un poco mal, mareado (también está con muchísimos mareos, dolores de cabeza y demás desde el cambio de curro), así que volvimos a su casa. Se encontraba algo mejor, tomamos una copa y nos fuimos a dormir (yo antes que él, porque a las 3 de la mañana, con horarios medionormales los míos, ya estoy que me caigo… curiosamente luego él sí me echa en cara a veces que no aguante despierta por las noches). Al día siguiente (mi cumpleaños) remoloneó en la cama hasta que fuimos a comer con mis padres y, aunque le dije que me hacía mucha ilusión ir al cine o salir a la calle (yo SOLO estudio. Paso el día encerrada y quería que me diera algo el aire al menos ese día). Pues él se echó a dormir en mi cama después de comer y ahí estuvo cuatro horas (con varios intentos por mi parte de que se levantara de una vez) hasta que, ya cabreada, le dije que, para seguir durmiendo, se fuese a su casa. Yo no suelo discutir. Odio las confrontaciones, pero no pude más. Hablamos, lo medioarreglamos y ya está, como si no hubiera pasado nada: mi tarde de cumpleaños fue en el salón, tratando de estudiar con los cascos mientras mis padres veían la tele. Y llorando mucho después. No creáis que no hay comunicación. La hay. Se lo dije y me contestó que lo sentía, que no pensaba que fuera para tanto… Pero es que es una más. Y las oposiciones ya drenan suficiente mi salud mental como para que no pueda ni desconectar ese día…
Él quiere cambiar de trabajo, está buscando cosas y sé que está implicado en ello. Pero tengo la impresión de que no es solo por su trabajo. Lo mismo ha pasado los cuatro días que nos fuimos de vacaciones en verano: todo se resume a su necesidad de dormir. No importa que también sean mis días de descanso y que necesite salir fuera de cuatro paredes que me comen, o que decida dedicarle mi día semanal de descanso porque no me da para más.
Ya le he dicho de todo: que se haga análisis, que vaya al psicólogo, pero nada… mucho mejor dormir, somatizar el estrés y confiar en que tu novia siga aguantando. Le he montado «intervenciones» con sus amigos, pero no hay manera. Y yo no puedo con este descontrol. Me siento atada, al escritorio y a él, por no poder despejarme ni siquiera cuando dejo de estudiar porque sólo dormimos juntos.
El caso es que hemos encontrado piso y nos vamos a mudar juntos la semana que viene. Yo sigo opositando y voy a empezar esta semana a trabajar, también. El lado bueno es que voy a ser más libre si él quiere dormir y podré pasar mis ratos sin estudiar (que no serán muchos) más allá del escritorio de su cuarto, pero sin sentir que no veo a mi pareja. El lado malo es que, entre oposición y trabajo no voy a tener tiempo para nada y voy a necesitar que él también asuma tareas de la casa, motu proprio. Se me han juntado muchas cosas de repente y sé que voy a terminar sobrepasada si él no pone de su parte. No sé. Le entiendo, entiendo lo qie es tener un trabajo de mierda porque también he estado ahí, aunque igual no con tanta intensidad. Pero es que no estoy viviendo nada para mí y necesito que el mudarnos juntos sume, no reste… Y me está empezando a entrar miedo. ¿Será peor el remedio que la enfermedad?
Gracias por leer. Supongo que es más un desahogo que otra cosa :)