¡Hola chicas! Os vengo a contar la historia de mi “padre” el psicópata por si alguna os sentís identificadas y os puede ayudar a ver la luz al final del túnel para las que estéis pasando por algo parecido.
Para empezar, voy a poneros un poco en contexto. Durante mi infancia viví en una familia más o menos convencional, “madre”, “padre”, “hermana” y yo (y lo pongo todo entre comillas porque lo único que nos une a día de hoy es la biología). Y digo más o menos porque básicamente mis padres se casaron porque nadie más se quería casar con ellos, eran la mierda que nadie quería, lo único que tenían en común los dos era su egoísmo, egocentrismo y que les encantaba el dinero y, sobre todo, aparentar y, por supuesto, tuvieron hijas para formar la happy family. Pero de happy family teníamos lo que yo de rubia natural. El caso es que yo a los 18 años me fui a mi universidad. Madre y padre se estaban divorciando y yo en ese momento me dejé de hablar con madre y hermana, que se fueron de casa, lo cual fue quitarme un gran peso de encima, porque, por desgracia, hermana había salido igual a madre y padre.

Con “padre” seguí hablando hasta que acabé la universidad. Tampoco era un hombre que se interesara mucho por mi, lo justo para aparentar delante del resto del mundo. Pero es que todo dió un vuelco cuando volví de la universidad a su casa. Al principio todo bien, la verdad yo nunca he sido una hija que diera guerra o con la que fuera difícil convivir. Mientras estudiaba mis oposiciones y me buscaba trabajillos, me encargaba de la casa y me adaptaba a todas las manías que tuviera él. Dicho esto, tengo que señalar que él no hacía ni el huevo en todo el día, vivía (y sigue viviendo) de ayudas del Estado y sus funciones básicas diarias eran dormir, comer y estar con el culo en el sofá viendo la tele.
Todo cambió el día que me enteré de que iba hablando mal de mí a mi familia y personas cercanas, llevándose el mérito del cuidado del hogar, el pago de mis estudios y el mantenimiento de toda mi persona en general. Me enfrenté a él y, a partir de ese momento, los siguientes años fueron horribles. Empezó una campaña de maltrato (mayoritariamente psicológico) y difamación brutal. Eran gritos e insultos diarios, inventarse cosas de mí y ponerme a parir las 24h del día con quien fuera.
Era un mentiroso compulsivo, un maltratador y estaba como un cencerro. Entraba en mi habitación a registrar y robar mis cosas, me robaba dinero de mi cuenta del banco con la excusa de que yo se lo debía, me exigía mi tarjeta de crédito a gritos y sin explicaciones, me acusaba de los altos precios en las facturas (cuando yo apenas estaba en casa y él casi no salía), me robaba el correo, me cortaba la luz y el agua de la casa, no me permitía usar la lavadora… Encima el tío era super rácano, no ponía la calefacción ni había agua caliente en casa.
También tenía en casa comportamientos super raros, como mirar mi basura, tirar los platos sucios al cesto de la ropa (si, os lo juro, al cesto de la ropa) en vez de a la pila acusándome a mi de no fregar, me tiraba la ropa que yo tuviera tendida en las cuerdas, me cotilleaba por la ventana de mi habitación, me abría la puerta del baño sabiendo que estaba yo dentro y muchas cosas random más. Además, hubo maltratos físicos ocasionales, como agarrarme o empujarme y otras agresiones indirectas como echarme INSECTICIDA EN MI COMIDA…. El tío nada psicópata, por lo que veis.
Por supuesto, él se hacía la víctima, tergiversaba todas las historias y decía que todas esas cosas se las hacía yo a él y no al revés. Obviamente, pensé en denunciarle en numerosas ocasiones, pero por la presión de mi familia y del juez de paz del pueblo, por falta de pruebas y porque no quería meterme en líos de policías y abogados sin tener recursos, no lo hice, de lo cual me arrepiento bastante.
Y sí, habéis leído bien, mi querido padre había contactado con el juez de paz de mi pueblo, para, básicamente, contarle que él era “un pobre hombre totalmente normal y tranquilo que estaba siendo maltratado por mí”, y yo «un bicho malo que le hacía la vida imposible en su casa»… La cosa no llegó a nada porque, al no confesar él la verdad, no se llegó a ningún acuerdo. Es más, cada vez iba a peor. Incluso le llegué a ofrecer dinero por medio de este juez para que me dejara en paz el poco tiempo que estaba en casa, pero el tío con toda su cara me pedía que le pagara todo lo relacionado con la casa, para poder quedarse con las ayudas que le daban íntegras sin gastarse nada. Obviamente, mi respuesta fue que se fuera a pastar.
No os preocupéis porque esto tiene final feliz. Conseguí trabajo fijo y me compré una casa en el pueblo. Antes de yo poder organizar la mudanza, él me echó cambiando la cerradura de su casa sin avisar y no me dejó acceder a por mis cosas, lo cual se solucionó con una amenaza de denuncia.
A día de hoy, vivo felizmente en mi nueva casita, sin querer saber nada de padre. Él ha intentado volver a tener contacto conmigo a través de familia y juez. ¿Para qué, si soy malísima? Os preguntaréis. Spoiler: para intentar volver a aprovecharse de mi y porque su apariencia se ha visto afectada con su última hija haciendo desbandada de su vida. Incluso le ha dicho a mi abuela que me quiere pedir perdón, pero eso sí, perdón por NADA, porque sigue sin reconocer nada de lo que me ha hecho y haciéndose la víctima. También he sabido que sigue acusándome de cosas, como las altas facturas de su casa (que siguen altas sin yo estar ya allí). En fin, las cabezas…