En esta historia, lo primero que necesito es advertir de los peligros de las redes sociales y estas personas que conocemos que están demasiado lejos y parecen maravillosas. Desconfíen incluso si hablan por videollamada, porque son estafas, casi seguro.
El protagonista o víctima de esta historia es mi padre. Es un ligón sin remedio, siempre está metido en el Grindr (la aplicación de contactos creada, en principio, para el colectivo gay) porque quiere buscar el amor de su vida, quiere realmente enamorarse, pero todas las relaciones que han tenido, le han salido rana. Es un hombre muy dado y generoso con todos los hombres que ha tenido a su lado y, tal vez, demasiado, cosa por la que mi hermana y yo le regañamos constantemente porque es un manofloja para el dinero.
Él no mide los gastos y les da todo y más. Sin ir más lejos, a su última expareja le regaló una Playstation 5. Casi nada. La nueva historia, como iba diciendo, comienza con un ligue de Grindr, donde hablan todos los días, se hacen videollamadas, se presentan a las familias también a través de este medio y todo parece fluir. Le cuenta que tiene una Hacienda, le muestra todos sus terrenos, los caballos y otros animales que allí tiene, suele hablar a menudo también con el padre, que se entromete en estas videollamadas y todo parece normal. Comienzan a hacer planes de futuro juntos, en los que le plantea la posibilidad, a mi madre, de irse a su país para vivir juntos en sus terrenos y en su enorme casa. La verdad que el tipo y toda su historia parecía sacada de Pasión de Gavilanes. Pasan unos meses y le surge un problema con una cuenta de banco y le pide a mi padre una pequeña cantidad de dinero y él, tan generoso como siempre, le hace una transferencia a través de Western Union que, además, es muy fiable. A los dos días, el dinero ya estaba devuelto.
Mi padre, satisfecho, me cuenta la hazaña porque le salió bien y eso le generó muchísima confianza en el hombre, la verdad. Mientras tanto, seguían con su dinámica de enamorados, hablando cada día y viéndose las caras de felicidad que se provocaban el uno al otro. Siguiente mes, el mismo problema con su cuenta de banco, se repite la operación, tal cual fue la vez anterior. A los dos días, el dinero devuelto. Repletos de amor, ya el de Pasión de Gavilanes le dice a mi padre que no aguanta más y que viene a verlo. Juntos, cuadran los días que mejor les viene y ya sólo queda comprar los billetes y que lo haría en los días siguientes, a través de una agencia de viajes. El día en cuestión, lo llama por teléfono, sin vídeo, sólo audio. Le dice que acaba de tener un accidente horrible, que atropelló a un motorista mientras iba de camino a la agencia a sacar los pasajes, ¡qué mala suerte!, y que no le dejaban irse del lugar si no pagaba no sé cuántos miles de dólares para la asistencia sanitaria del muchacho atropellado y si no, iba a terminar preso.
Menos mal que mi padre no sabe usar las nuevas tecnologías y todo esto nos lo pide a nosotros, porque me llamó hecho un mar de lágrimas, atacado, para que le enviásemos toda esa pasta al estafador, porque se lo había creído. Es más, le envió fotos de un accidente de moto, que me reenvió a mí, para que viera que era verdad y eso no sé ni de dónde estaba descargado, pero estaban pixeladas, mal enfocadas, una cosa horrorosa. Le llamé yo, directamente para ponerlo de vuelta y media y no me cogió el teléfono. Le escribimos por Whatsapp desde el teléfono de mi padre, diciéndole que era un mentiroso, que cómo podía haberle hecho esto de jugar con sus sentimientos.
El otro, lo insultó de mala manera, lo bloqueó y nunca jamás se supo nada de este teléfono. Procedimos a la pertinente denuncia pero, obviamente, quedó en nada. Tengan cuidado con sus datos personales, seguro que más de una vez les ha pasado que les contacta un militar, un marinero o alguien de rango con un especial interés. Gracias por leer mi historia y espero que les sirva de ayuda.
