Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Soy una mujer hecha y derecha de veintinueve años de edad, hija de padres separados. Mis papás además son bastante mayores por lo que hace unos años tomé la decisión de apoyarlos económicamente. Como me va bien puedo permitírmelo y lo hago de buena gana.
Mi mamá volvió a enamorarse y tiene una pareja con quien es muy feliz. Mi papá es harina de otro costal, después del divorcio no volvió a tener ningún tipo de relación con otra mujer, pero yo sospechaba que hacía sus cosillas de forma muy discreta por uno que otro comentario que me lanzaba.
Él vive cerca de la playa, solo, y como además es bastante alejado, lo visito dos veces al mes y trato de quedarme con él durante el fin de semana. En esas visitas siempre le llevo la compra, que, aunque al principio hacía con una lista que él me daba, poco después comencé a hacer a memoria ya que siempre era lo mismo, con alguna que otra variante que si “se me acabó el champú” o “tráeme un antigripal”.

Esas eran el tipo de peticiones extras a las que estaba acostumbrada, pero hace unos días me sorprendió con otra. Estaba yo muy tranquila, trabajando como cualquier mañana, cuando me llega un mensaje de él con una foto de una caja de condones. Pensé dos cosas, primero que se había equivocado y luego que estaba de broma. Pero al rato, al no recibir respuesta me pregunta si vi su mensaje, a lo que le respondo que sí, pero que no entendía.
Pues ahí es donde procede a aclararme “es para que lo incluyas en la compra de esta semana”. Y ahí estaba, un señor de sesenta y pico de años pidiéndole condones a su hija. Le pregunté si estaba de broma y ha tenido el descaro de ofenderse. Me dijo que él aún estaba en edad de tener sus conquistas y que el hecho de que fuese discreto no quería decir que no la pasara de bien de vez en cuando.
Vale, todo eso bien, pero la discreción nos estaba funcionando de maravilla y no entendí por qué arruinarlo. Eso mismo le dije y él alegó que no conseguía esos preservativos que les gustaban por su zona (¡QUE LES GUSTABAN! PLURAL) Si, a él y a la otra parte. Con mucha más información de la que me habría gustado tener le dije que vale, que le compraría sus preciados condones, pero la pesadilla no terminó ahí, porque el tipo o la marca debían estar agotados, o la fábrica quebró o que se yo, pero yo tampoco los conseguí por ninguna parte y me tocó llamar a mi papá desde tres locales distintos, para ofrecerle otro tipo de condones. Tres veces tuve que hablar con él de eso, hasta que se resignó a que no los conseguía y se conformó con unos parecidos. Supongo que sí me preguntan si hay confianza entre padre e hija, después de esto puedo decir que más de la que me gustaría.