Bueno, pues, os pongo en situación y vosotras me dais vuestra más sincera opinión, ¿de acuerdo?
Mi pareja y yo llevamos veinticuatro años de relación. Tenemos dos hijos adolescentes en común. La mayor tiene dieciséis años y el pequeño tiene trece.
Yo, la verdad, es que ya voy teniendo una edad, para qué negarlo. Hace cuatro años que empecé con la menopausia. El deseo sexual se esfumó y entró en escena la sequedad vaginal. También hubo una subida de peso considerable, cosa que ha hecho que no me encuentre a gusto con mi propio cuerpo. Si a todo esto le sumamos que a veces la penetración me resulta dolorosa, pues cada vez son menos las ocasiones en las que tengo ganas de mambo, ya tú sabes.
Resultado, que llevamos cuatro años (sí, justo esos cuatro años, qué casualidad, ¿verdad?) sin tener relaciones sexuales de manera regular. Creo, si no voy mal encaminada, que hace algo más de tres meses de la última vez que follamos. Y fue algo rápido, más que nada para que dejase de protestar una temporadita
He de confesar que yo no lo echo para nada de menos, cosa que a mi pareja le molesta especialmente, porque él lo echa terriblemente de menos. Lo que sí echo de menos es esa intimidad, esa complicidad que se generaba entre nosotros en nuestros encuentros sexuales.
Un poco llevada por el sentimiento de culpa de tenerlo en el dique seco, un poco por intentar recuperar mi lívido y un poco por intentar conectar como pareja, se me ocurrió la fantástica idea de planear una semana de vacaciones los dos juntos, en plan escapada romántica.
Lo tenía todo pensado. Un hotelito coqueto en una pequeña localidad en la costa. Un balneario cercano. Posibilidad de paseos en catamarán. Cenitas románticas. Días de sol, playa y tranquilidad para volver a reconectar. Incluso he pensado en empezar a tomar Libicare One para tener una ayudita extra.
Cuando ya estaba todo pensado, le hice la propuesta a mi pareja. Cariño, te tengo una noticia. Me apetece mucho irme de vacaciones y he planeado una semanita para que nos vayamos los dos juntitos ¿Vacaciones? ¡Vacaciones! ¿Y a dónde, si puede saberse?
Madre mía la que me lio cuando le dije el destino. A la playa, ni de coña. Que si a mí me apetecía ir a la playa, a él le apetecía follar y se tenía que aguantar las ganas. Que a él le da por culo la playa y la arena y no quiere ir. Que prefiere quedarse en casa rascándose sus partes, que eso sí son vacaciones. O si me emperro en salir, que nos vayamos al pueblo de sus padres, en plenos Monegros, que así gastamos menos.
Yo he querido explicarle que la intención de esas vacaciones era la de reavivar el deseo y me ha dicho que ese cuento ya se lo he contado demasiadas veces y que ya no se lo traga. Que no cuela. La verdad es que ya ha habido otras veces en las que he planeado cosas para volver a tener ganas de tema y ha funcionado en escasas ocasiones, así que, en el fondo, no me extraña que esta vez ya no me crea.
Así que ahora mismo, no sé qué hacer con las vacaciones. Ni con mi toto. Ni con mi marido.
