Os cuento. Llevo tres años con mi novio vivimos juntos desde hace uno y todo muy bien. Bueno, bastante bien. El tema es que él lleva tiempo diciéndome que quiere tener un perro. Que siempre ha querido, que ahora es el momento, que le haría ilusión tener uno juntos y todo eso.
Y yo… pues no quiero. No me gustan los perros. No es que los odie pero me dan cosa. No me apetece tener pelos por toda la casa, tener que sacarlo a las 7 de la mañana con la legaña colgando o renunciar a un finde en la playa porque el perro no puede quedarse solo. Me siento mala persona porque parece que soy la que corta la ilusión, la que pone el no todo el rato. Pero también pienso que si cedo en esto lo voy a llevar mal y acabaré enfadada con el pobre bicho. Y yo a mi chico lo adoro, no quiero que todo vaya mal por eso…
