Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Aún así, siempre nos hemos tratado de manera correcta y hemos intentado evitar discusiones. Me he mordido la lengua muchas veces y he sonreído cuando estaba ardiendo por dentro por el bien de la familia. Además, sus comentarios con mala intención, o eso parecía, eran disimulados, y saltar solo habría empeorado las cosas.
No sabía si era sensación mía y por eso nunca decía nada, pero parecía que trataba a los otros nietos de manera diferente a mis hijos. Yo entendía que la relación con cada niño es un mundo y no quería cuestionar nada.
Hasta un día, que estábamos todos en su casa y no sé cómo empezó a hablar. Empezó con las teorías: que, claro, los nietos de una hija los ha parido alguien de su sangre, pero de sus hijos no, y que cómo puede estar segura de que son de sus hijos y no de algún amante. Yo estaba en la cocina y me estaba empezando a alterar. Por suerte, los niños estaban en una habitación y no escuchaban nada.
Su otro hijo salió en defensa de su mujer y le preguntó cómo podía decir eso, y mi marido se unió, preguntando si ella pensaba así o era solo las teorías de pueblo. Mi suegra no dudó su respuesta: para ella, sus nietos de verdad son los de sus hijas. Al resto les tiene cariño, pero puede que no sean su sangre y, además, en cualquier momento sus hijos se separan de sus mujeres y quién sabe si les volverá a ver.
Sus dos hijos empezaron a enfadarse. Sus dos hijas también. El ambiente se volvió tenso. Yo seguía en la cocina escuchando y tratando de mantener la calma.
Mi marido dijo que nos íbamos. Entró a la cocina, me miró sabiendo lo que yo pensaba, cogimos a los niños y nos fuimos.
Ha pasado un mes y ni mi suegra nos ha llamado ni nosotros a ella. Evidentemente estoy muy dolida, pero creo que mi marido es el que debe tomar la decisión. Me da pena que pierda el contacto con su madre, pero no sé cuál es la mejor manera de enfocarlo.