Empiezo con un cliché, pero por fin me animo a escribir en este foro en busca de ayuda o de una quema de brujas. Qué sé yo. Dicen que el primer paso es admitirlo, si es que realmente se trata de un problema o simplemente que nací con una tara; o que me gusta más quejarme que a un idiota un caramelo.
Miranda Hobbes, mi musa e inspiración en la vida, en quién creo me he reencarnado (a no ser que decir esto sea una blasfemia mal llevada), describió mi problema a la perfección.
“Nos quejamos cuando no tenemos novio, y nos quejamos cuando lo tenemos”
Llevo unos seis casi siete años sin estar en una relación seria (?), si se puede describir así, que conociéndome más bien no. Durante este tiempo sí, he salido con algunos chicos, he tenido un par de citas, algún meneo esporádico…, muy esporádico, tampoco hay que tirar cohetes.
De normal la que suele cortar la relación de forma brusca soy yo, por razones varias: no me apetece adentrarme en ninguna relación, no es la clase de chico que espero (aunque no les doy la oportunidad para conocerles bien), les encuentro defectos que en realidad no lo son pero que decido que no van conmigo y un largo etc de cosas que me devuelven al punto de partida de la soltería.
Quiero aclarar que los chicos con los que he estado quedando no eran para nada de esas malas personas que en algún punto de tu vida te cruzas y no quieres saber absolutamente nada de ellos por si la estupidez se acaba pegando. La verdad es que eran, hasta donde pude conocer, buenas personas que me trataban increíblemente bien y que se ‘desvivían’ (aunque no quiero utilizar esta palabra, pero para que me entendáis), por estar conmigo. Pero no me despertaban ese nosequé que ves en las comedias románticas de toda la vida, aunque sé por experiencia que Hollywood es una mal bicho mentiroso. No eran para mí, o sí lo eran pero no quise llegar más allá.
Cuando los rechazo me digo que es porque me gusta estar sola, y realmente disfruto estando sola. A ratos. Otras veces me pregunto qué me pasa, qué es lo que hago mal para tener 25 años y haber tenido sólo una relación duradera (?) en toda mi vida. Y me siento mal, me da el bajón del siglo y pienso en todos esos chicos que dejé por el camino.
Les vuelvo a hablar tratando de arreglar la mala impresión que probablemente les he dejado, porque a la hora de acabar relaciones soy como Carmen Sandiego, desaparezco sin dejar rastro. Soy Berger dejando a Carrie a través de un post-it (juro por Dios que es la última referencia de Sexo en Nueva York). Algunas veces hasta me animo a quedar con ellos en un intento de volver a tener esa historia de amor verdadero. Y luego me echo atrás, sabiendo que si vuelvo a verle repetiré el mismo patrón y acabaré en el aeropuerto, cogiendo un avión para huir a Italia o Bali como Julia Roberts en Come, Reza, Ama para encontrarme a mí misma (pero sobre todo para que no me encuentren los demás).
Busco el amor y luego huyó de él. Esa soy yo. La incógnita sin resolver.
No estoy hecha para tener relaciones, eso está claro. Dentro de mí, por mucho que ansíe encontrar esa intimidad en una persona, no me gusta adentrar en mi vida a ningún desconocido. Y es una soberana mierda, la verdad. De ahora en adelante, cuando me pregunten por mis miedos tendré que responder: «Soy aracnofóbica, y amorfóbica también».
Por mucho que digan: «Ya llegará esa persona que te pondrá el mundo al revés». Ya podría aparecer Chandler Bing por la puerta, que sería yo la que acabaría poniéndole el mundo al revés con mi indiferencia.
Puede que sea verdad, puede que no haya aparecido quién tiene que aparecer. Puede que no exista. O puede que mi conclusión sea la respuesta del millón de dolares: no estoy hecha para el amor romántico.
No sé qué pretendo al contar esto, dándome yo todas las respuestas. He pensado que era el momento de compartirlo. Quizás tú hayas pasado por algo parecido y me ilumines con tu sabiduría, o puede que sigas en las mismas y quieras compartir también tu historia, si se le puede llamar historia a toda la parrafada que acabo de soltar. Sea como fuere espero, por lo menos, haberos entretenido.